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viernes, 31 de octubre de 2025

Poema de un enamorado nostálgico

 En estos frescos días de verano

El sabio viejo sauce yace

En la esquina de un humilde campo verde

Aunque párvulo y modesto, 

Exhibe extrema vitalidad,

Suspirando el inicio de otro despertar


 El versado resguarda a las aves

Que en él se albergan, dentro de sus numerosos nichos

Se esconden y pían sin cesar,

Se regocijan con la luz del crepúsculo

El césped parece recién regado, 

Mas solo está cubierto

Del rocío que ha dejado la penumbra de la noche

Ya extinta por la aurora, que palpita la calidez diurna


Al unísono, traigo un reposo para ponerme a filosofar

En calidad de escriba de mi corazón,

Con un cartapacio humano, 

Un lienzo del alma y una pluma con tinta espiritual

Me pongo a redactar

Lo que no te puedo decir, o lo que no quieres escuchar

Me estremezco al recordar

Todo lo que fue, lo que el tiempo diluyó

Se va la juventud caliente del pasado,

Fluye la vejez fría del presente

Y se asoma, a la distancia y con paciencia,

La tempestad incierta del futuro


Trato de acudir a la antípoda de mis sentimientos

Por un consuelo que no germinará

A fuer de sincero, te diré que no puedo

Dejarte en la remota prisión de la amnesia

Por cuanto el corazón me arde más que nunca

Con tu singularidad sin fin

Le susurro al corazón

«¿Qué tanto más puedes, pequeño mío?»

Una respuesta de su parte llega a duras penas

«So pena de dolor, si tu amado se intenta olvidar»

«Entrega plena a la orden,

un judas yo no soy» le replico

¡Ha dicho, que la desolación se me traiga si lo olvido!

¡Que indiferencia no puedo mostrar, melifluo corazón!

Solo me queda aferrarme a la esperanza

De que un respiro llegue para él


En el valle de la memoria

En el palacio del pensamiento

En el abismo de mi conciencia

Ahí es donde aún te contemplo

Donde el tiempo no pasa y los recuerdos no perecen

Mientras aún haya un lucero de pasión y ternura

Que los mantenga vivos


Aún extraño tu arrullo

Las niñas de tus ojos

Las hebras de tu cabeza

Y la carne de tu boca

Con todo, fue para mi pesar tu partida sin un beso

Que tu frente pudo tocar

Epitafio de una historia de amor

El pasado, aunque distante, 

Sigue presente en esta aflicción

Ruge con ferocidad

El mar del recuerdo, 

Surca con firmeza

El barco de la nostalgia

A la sazón que ambos estábamos jubilosos

Porque en el suplicio de mi ser 

Es donde descansa tu ausencia 

jueves, 30 de octubre de 2025

Otra conversación real de un amor extrañado

 Aún extraño saludarnos cada mañana al despertarnos y despedirnos cada noche antes de irnos a dormir. Yo al menos trato de no perder la costumbre... porque aún me importas. 

(11:32 a. m.)

Ya pronto se cumplirá otro mes desde que decidiste distanciarte de mí. Aún no lo puedo creer. Tampoco te puedo olvidar (ni quiero); eres como un recuerdo vivo que está en cualquier cosa que hago porque genuinamente te amo, y aún algunas veces lloro cuando noto tu ausencia.

Ojalá en algún momento puedas deshacer esta situación y aliviar este dolor, porque realmente te necesito cerca de mí.

No puedo olvidar tu risa, tus comentarios, tus ojos, tu pelo, tus manos, tu aroma, todo lo que te hace ser quien eres.

Te amo y te necesito cada momento.

A veces quisiera que el tiempo regresara y no pasara más, solo para vivir eternamente el presente, en esos momentos en los que fuimos felices juntos.

Estás en cada respiración que mis pulmones reciben, en cada latido que mi corazón emite, en cada pensamiento que alberga mi mente y en cada una de las palabras que la tinta deja en las hojas cuando escribo sobre ti.

Te amo demasiado.

(4:55 p. m. – 4:58 p. m.)


Conversación real, 30 de octubre de 2025


Nunca hubo muchas esperanzas. Solo las de un loco.

—Gandalf el Blanco, J. R. R. Tolkien

El valor de la pérdida

 Hoy, que ya no te tengo, al menos por ahora, me doy cuenta de lo que perdí, de lo valioso que eres, y de lo tanto que te extraño. Siempre uno reconoce el valor después de la pérdida, y lo reafirma o intensifica si la recupera. 

¡Qué irónica e injusta es esta vida! 

miércoles, 29 de octubre de 2025

Entrevista con un lingüista

Detesto cordialmente la alegoría en todas sus manifestaciones, y siempre lo he hecho desde que fui lo bastante viejo y precavido para detectar su presencia.
Prefiero mucho la historia, verdadera o fingida, con su variada aplicabilidad al pensamiento y la experiencia de los lectores.
Pienso que muchos confunden la aplicabilidad con la alegoría; pero una reside en la libertad del lector, y la otra en la intención dominante del autor.

 

J. R. R. Tolkien 


Entrevistador: ¡Buenas noches a todos! ¡Muchísimas gracias por acompañarnos esta noche en nuestro programa Conoce tu voz! Y en esta ocasión tenemos a un especial muy invitado.

Lingüista: ¿Quisiste decir «un invitado muy especial»?

Entrevistador: ¡Oh! ¡Tienes razón! ¡Ah! Ya empezaste a corregirme desde el momento cero y aún no hemos comenzado con la entrevista. Pero bueno, después de todo, eso es lo que haces...

Lingüista: Solo tuviste una inversión de palabras, algo parecido a un hipérbaton. Le puede pasar a cualquiera cuando el cerebro está muy concentrado y algo de repente se le escapa. Pero sí cometiste un verdadero error al final.

Entrevistador: Ah, ¿sí? ¿Cuál?

Lingüista: Yo no corrijo. Describo, que es lo que hice. Dije lo que te pasó: tuviste una inversión de palabras. Alteraste el orden de dos palabras de una forma que no es común de ver ni escuchar. Y es parecido a un hipérbaton, aunque el hipérbaton normalmente ocurre en el nivel sintáctico y, en tu caso, fueron solo dos palabras.

Entrevistador: ¡Oh, cierto, cierto! ¡Cierto que los lingüistas son omnipotentes, incuestionables, excepcionalmente sabios en el mundo del lenguaje, tan perfectos en su análisis y oratoria!

Lingüista: Y ahora de repente pasaste a una hipérbole. No hace falta exagerar. Todos cometemos errores, incluido un lingüista.

Entrevistador: ¡Ja, ja! No se te escapa ninguna. Está bien, está bien. Vamos a comenzar. ¡Bueno, aquí tenemos a un experto en la ciencia del lenguaje! El lingüista Thomas Languageheart. Tengo aquí en mi anotador que has sido bastante prolífico con tu escritura, como casi diez libros publicados. No quiero imaginarme cuánto conocimiento habrás exhibido, o cuánto conocimiento tendrás.

Lingüista: Nada. Ninguno. No creo saber nada.

Entrevistador: ¡Pero si fuiste capaz de captar eso que tuve! Algo parecido a una hipér... híper... Ay, eso que mencionaste.

Lingüista: Una inversión parecida a una hipérbaton. Fue apenas un pequeño detalle; cualquiera podría haberlo notado. No es la gran cosa. Y eso no altera tu capacidad para comunicarte de ninguna forma. No te aflijas.

Entrevistador: Ay, qué moderado. Bueno, está bien. Te agradezco muchísimo por estar con nosotros aquí esta noche.

Lingüista: A ti por invitarme, y a la audiencia por interesarse en esto.

Entrevistador: ¿Qué te parece si comenzamos con la entrevista?

Lingüista: Será un placer.

Entrevistador: ¡Siga en sintonía con el programa de esta noche de Conoce tu voz! ¡Yo soy John Narrowmind, y ya empezamos!

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Entrevistador: Bueno, tenemos mucho tiempo para hablar. 

Lingüista: (con tono irónico) Ufff, justo lo que más me gusta hacer...

Entrevistador: Bueno, ¿qué te parece si empezamos desde la base? ¿Qué es para ti la lingüística? ¿Qué es el lenguaje?

Lingüista: La lingüística es el campo de estudio del lenguaje, principalmente el lenguaje natural humano. 

(pausa)

Entrevistador: ¿Y la respuesta a la otra pregunta?

Lingüista: No la sé. Aún intento descubrirla.

Entrevistador: ¿A qué te refieres?

Lingüista: ¿Tú crees que hay una sola definición para lenguaje? ¿O una en la que los lingüistas se hayan puesto de acuerdo?

Entrevistador: Oh, no me había puesto a pensar en eso. Bueno, si tuvieras que responder esa pregunta ahora mismo, ¿qué dirías? ¿Qué es el lenguaje para ti?

Lingüista: Bueno, yo ahora mismo creo que el lenguaje es el arte de la creación, de la vida y del alma.

Entrevistador: ¿Qué te hace pensar eso?

Lingüista: Porque las lenguas se pueden usar para crear, incluso lo que está más allá de lo que se puede imaginar. Y también moldean cómo nosotros vemos nuestra propia existencia y la percepción de nuestra propia alma. El modo en que hablamos revela cómo pensamos, sentimos y vemos el mundo, y hasta incluso cómo amamos u odiamos.

Entrevistador: Todo se ve muy bonito en tu definición.

Lingüista: Pero no lo es. A veces también, para mi pesar, puede ser sinónimo de destrucción, muerte y olvido.

Entrevistador: Bueno, después de todo siguen siendo solo palabras, ¿no? Pero también, ¿no pesan más los hechos que las palabras?

Lingüista: Las acciones complementan nuestras palabras, pero las palabras suelen tener un poder excepcional: el poder del recuerdo. Decirle a algo a alguien puede dejar una huella imborrable en la otra persona. Si se usa para el mal, puede dejar un trauma profundo, pero si se usa para el bien, quizá deje una inspiración eterna. Uno no cambia de idioma; cambia de piel. Las palabras que elegimos nos delatan más que nuestros gestos.

Entrevistador: ¿Entonces dirías que el lenguaje es una forma de autoconocimiento? 

Lingüista: Sí, puede ser. Cada palabra que elegimos nos delata. A veces creemos que hablamos para comunicar, pero en realidad hablamos para recordarnos quiénes somos. Es un espejo del alma.

Entrevistador: En ese caso, sería mejor no decir nada...

Lingüista: El silencio no es siempre una vía de escape. El silencio, al igual que las palabras, nos salva o nos condena. Es, de hecho, otra parte más de la comunicación, y hasta incluso un modo de expresión. A veces no decir nada es decir algo. Si hay muchas personas hablando y una siempre se mantiene callada, eso llama la atención porque produce una disonancia. A veces un silencio voluntario puede denotar sabiduría, cuando realmente no hay nada que decir y eso es lo justo que hay que hacer. Un silencio hiriente o por omisión voluntaria puede escucharse a kilómetros de distancia cuando hay una pregunta que apenas oye el eco de una respuesta urgentemente solicitada. Y un silencio cómodo puede ser un momento para la admiración, para dejar fluir el lenguaje no verbal. ¿Tú tienes pareja?

Entrevistador: Sí. 

Lingüista: ¿Y cuánto la amas?

Entrevistador: ¿Ahora el entrevistado soy yo? Bueno, pues, muchísimo, ja, ja.

Lingüista: ¿Y necesitas decírselo siempre para que lo sepa? Es bueno reafirmarlo, pero... ¿no te has imaginado a ti mismo con ella en el silencio absoluto, simplemente contemplándose el uno al otro con inmensa felicidad? Sin necesidad de decírselo el uno al otro, ¿no crees que el mensaje se transmite de todas formas?

Entrevistador: Bueno, creo que sí.

Lingüista: Esa es la verdadera comunicación. La que trasciende las palabras y conecta almas. El silencio es la única lengua que todos entendemos y que nadie enseña.

Entrevistador: ¿Y si quisiera decirle todo lo que quisiera siempre?

Lingüista: Ten por seguro que no lo olvidaría, pero... ¡ojalá fuese suficiente!

Entrevistador: ¿Por qué lo dices, Thomas?

Lingüista: ¿Cuál es la frase que normalmente dices cuando piensas en el amor?

Entrevistador: ¿«Te amo»?

Lingüista: Decimos «te amo» porque no existe un verbo que lo diga mejor, aunque ninguno lo diga del todo. Las palabras son un intento de acercamiento, aunque siempre insuficiente.

Entrevistador: Vaya... ¿Y tienes alguna queja sobre el lenguaje?

Lingüista: Sí, justamente esa. Que sea infinito y a la vez no.

Entrevistador: ¿Cómo?

Lingüista: Como te había mencionado, nunca lo terminamos de conocer, pero a la vez tampoco es suficiente para capturar toda la realidad; solo es nuestro mejor intento. Es imposible decirlo todo. Es imposible traducir la totalidad o la plenitud de la experiencia humana, pero nuevamente, el lenguaje es nuestro mejor intento. Cada vez que nombramos algo, perdemos lo que no se puede decir de ello. 

Entrevistador: Ya veo. O sea que toda la verdad del mundo tiene sentido gracias al lenguaje, porque al menos así lo creemos.

Lingüista: Lo has entendido bien. El lenguaje es un juego de acuerdos. No hay verdad en las palabras, solo consenso en el discurso humano. 

Entrevistador: ¿Entonces nada es absoluto?

Lingüista: (sonríe y ríe con suavidad) Hay pocas verdades absolutas en la vida. De lo bueno, poco. 

Entrevistador: ¿Y qué pasa con las lenguas que mueren? ¿Es tan grave que alguien deje de hablar un idioma?

Lingüista: Si lo ves desde un punto de vista literal, no lo entenderás. La pérdida de una lengua es en realidad una metáfora de la memoria, de la identidad o de la muerte misma. Cuando muere una lengua, no solo se apagan sus palabras; también su manera única de mirar el cielo. Pero, cuando las lenguas perduran, son la esencia misma de la vida.

Entrevistador: ¿Por qué?

Lingüista: Bueno, podemos verlo en muchos aspectos. La identidad, por ejemplo. ¿Quién eres tú y por qué la gente te recuerda?

Entrevistador: ¿Por cómo soy?

Lingüista: ¿Y cómo eres? ¿Cuál es uno de tus aspectos más humanos?

Entrevistador: Supongo que lo que transmito.

Lingüista: ¿Y cómo lo sueles transmitir?

Entrevistador: Oh...

Lingüista: Exacto. Somos lo que decimos y lo que callamos. No hay «yo» sin palabras. Tal vez por eso el olvido del lenguaje sea la forma más pura de morir. Cuando tu voz se calla para siempre, tu conciencia se convierte en el eco de un recuerdo, ya no tuyo, sino de los demás. Sin el lenguaje, quizá ni siquiera sería un eco. Las palabras conservan el pasado. O distorsionan el presente. Crean, destruyen o cambian una realidad, igual que la ficción. El pasado sobrevive en los verbos; cuando conjugamos, resucitamos lo que ya no está. Y si retomamos el tema de la verdad y la mentira del que hablamos, créeme que toda verdad fue, alguna vez, una simple metáfora que olvidó que lo era. ¿Quién realmente sabe qué mentira podría convertirse en verdad, o al revés?

Entrevistador: Vaya que está en todas partes.

Lingüista: Ni hay necesidad de escapar, John.

Entrevistador: Bueno, creo que vamos a tomarnos un pequeño receso, pues se viene un bloque de preguntas del público.

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Entrevistador: Bueno, Thomas. Para este segundo bloque de nuestra entrevista, he recopilado algunas preguntas y temas de debate breves que provienen del público. Tenemos entre la audiencia una gran banda de curiosos en las tribunas.

Lingüista: Y así debe ser. Solo el que deja de buscar, deja de conocer. Adelante, pregunta.

Entrevistador: Bueno, aquí mi asistente me acercó la primera pregunta: «¿Qué piensas de la traducción y del doblaje?» Creo que deberíamos comenzar con la traducción. 

Lingüista: Creo que el trabajo de un traductor es admirable e imprescindible.

Entrevistador: (habla haciendo un puchero) Ay, ¡pero siempre se pierde algo!

Lingüista: Sí, por desgracia, es cierto. La traducción puede ser una muerte parcial del texto original. Estoy seguro de que todos los traductores aceptan que el alma del texto nunca llega entera al otro lado. Porque cada lengua es única. Refleja una visión única e irrepetible de la vida, y no se puede recrear con tal exactitud como en su versión original. Pero también estoy seguro de que, sin esa traducción, ni la voz ni la realidad de miles de culturas se podrían haber contado en otra parte del mundo.

Entrevistador: Sí, totalmente. En mi caso, que sé solo un idioma, me sirve mucho. ¿Y qué pasa con el doblaje? ¡Ay, Dios, yo lo desprecio! ¡Espantoso! Siempre me encanta ver las películas, las series o los cortometrajes en su idioma original. ¡Odio el doblaje!

Lingüista: El doblaje, la adaptación y la localización en medios audiovisuales también son trabajos admirables para mí, y son más que una superposición de voz sobre los diálogos del actor original. Son un intento por recrear la cultura original del medio audiovisual para reproducirlo como si fuera de una cultura totalmente diferente. Para mí son una joya porque los que están detrás tratan de mostrarte un producto audiovisual originario de otra cultura de una forma que se siente cómoda en tu propia cultura. Es una forma de reconocimiento a las culturas a las que está dirigido el producto adaptado, y también a las lenguas de esas regiones. Me apena que tanta gente los menosprecie, porque realmente hay mucho talento y también muchísimas huellas que quedan ahí. Hay voces que nunca se olvidan, sobre todo cuando se asocian con un personaje al que le hemos agarrado tanto cariño.

Entrevistador: No lo había pensado así, realmente. Es increíble, ahora que lo pienso. Y tristemente tan mal remunerado, según lo que he oído. Bueno, pasemos a la siguiente pregunta. Dice: «¿Hay alguna frase icónica que te recuerde a tu propia definición del lenguaje?» Tú en parte mencionaste que el lenguaje era el arte de crear. ¿Qué frase se te viene a la mente?

Lingüista: Qué curioso que lo pregunten, porque realmente sí tengo una, pero no es mía. A esta me la dijo un querido docente universitario de literatura: «En el principio fue el verbo… y desde entonces no hemos dejado de equivocarnos al pronunciarlo».

Entrevistador: ¡Ay! Bastante profunda. Creo que aún no termino de entenderla. Y hablando de creación, aquí hay una pregunta un tanto relacionada: «¿Tiene el lenguaje un significado espiritual?»

Lingüista: Si uno es creyente, creo que sí. Ha de ser el conducto para muchísimos devotos. En mi caso, creo que la providencia habla en la pausa entre una palabra y otra, y quizá en esa pausa hasta nos ayude a decidir qué será lo siguiente que diremos (o no).

Entrevistador: Muy bien, y aquí tenemos otra pregunta que dice: «¿El lenguaje está relacionado con los sueños?»

Lingüista: Por supuesto que sí. Con todo, de hecho, pues es tan humano como nuestra misma existencia. Pero en el caso de los sueños, no tengo la menor duda. Creo que en los sueños se han gestado innumerables rastros de la imaginación humana, que después se han convertido en palabras cuando nos ponemos a pensar y a hablar de ellos, y en otras ocasiones no, porque no tenemos las palabras para describir ni identificar con precisión lo que hemos visto o experimentado. Es una relación bilateral. Las palabras son los orígenes de la imaginación, pero a la vez sus límites también. Es irónicamente gracioso, porque es como si soñáramos en el idioma en que más nos duele recordar.

Entrevistador: Y yo que apenas me ponía a pensar en lo que había soñado la noche anterior. La siguiente dice: «¿Cuál es el primer idioma que olvidamos?»

Lingüista: (sonríe) El llanto. 

Entrevistador: (risa de júbilo) No me esperaba esa respuesta. Parece que estamos haciendo una carrera con las respuestas. La próxima dice: «¿Qué prefieres: la memoria o el olvido?»

Lingüista: Esa es difícil, y creo que depende, porque realmente, por bonito que sea, el lenguaje también puede ser un arma de doble filo. Mantiene y guarda los recuerdos, sí, pero a veces estos se pueden distorsionar cuando alguien más los cuenta desde su propia versión de los hechos, porque recordar es sencillamente parte de un proceso de volver a escribir la misma historia con palabras nuevas. Imagínate la cantidad de veces que la vida de una persona cambió por una simple elección de palabras, frases o estructuras lingüísticas.

Entrevistador: Creo que ahora yo voy a tener que tener más cuidado con lo que digo... (ríe con nerviosismo). Y la última pregunta del público es: «¿Tenemos un lenguaje interior?»

Lingüista: Yo creo que esa es nuestra voz interior: el pensamiento, lo que nos decimos a nosotros mismos. El pensamiento es una conversación en la que fingimos no hablar, pero en la que aún nos escuchamos.

Entrevistador: Muy bien, Thomas, solo queda una pregunta más que quiero hacerte, pero esta no viene del público ni de mí. Viene de un familiar, pero no te podemos decir quién es. Esta persona seleccionó esa pregunta especialmente para ti. ¿Estás listo?

Lingüista: Bueno, la sorpresa deja de ser sorpresa cuando se anticipa, así que adelante. 

Entrevistador: Bien, aquí va. La pregunta dice así: «¿Crees realmente que el lenguaje puede salvarnos del olvido?»

Lingüista: Pensé que sería más compleja. 

Entrevistador: Bueno, siempre podemos debatirla.

Lingüista: Está bien. Respondiendo a la pregunta, solo en parte. Las palabras son frágiles. Guardan recuerdos, pero también los deforman, como te había mencionado.

Entrevistador: Y no revierten la muerte, ¿verdad?

Lingüista: Tristemente, no. Solo la recuerdan.

Entrevistador: ¿Y de qué sirve hablar si todo se olvida? ¿O es hablar la forma de no morir?

Lingüista: Morimos, sí. Pero mientras alguien diga nuestro nombre, seguimos conjugando el presente.

Entrevistador: ¿Y tú le temes a la muerte, Thomas?

(silencio)

Entrevistador: ¿Thomas?

Lingüista: No temo a la muerte. Temo al dolor de la pérdida, de la ausencia y del desapego.

(pausa)

Lingüista: (con la voz quebrada) Porque morir es natural. Lo insoportable es seguir vivo entre los huecos que otros dejan.

Entrevistador: Lo siento tanto, Thomas. 

Lingüista: Está bien, John. No es tu culpa.

Entrevistador: Y entonces, ¿qué queda cuando ya no hay palabras?

Lingüista: (secándose las lágrimas) Todo nos lleva de nuevo al punto de partida: el silencio. Pero no el silencio vacío, sino el silencio inefable. Ese que suena como una última frase que no alcanzamos a decir. 



Dedicado a la memoria de mi abuela, Yolanda Parco Parisi, escritora riojana que me inculcó un gran amor por las lenguas; a Karina Barcellona, mi primera maestra de inglés de jardín que me inspiró a seguirlo; y a mi padrino, Diego Albarracín, que me ayudó a reafirmarlo durante mi adolescencia. 



 

martes, 28 de octubre de 2025

Yo te querré hasta que puedas quererte solo

Enviándole un mensaje a otra persona...


A veces pienso que ya te he dicho todo lo que te debía decir, pero después me doy cuenta de que me he equivocado, pues siempre se me ocurren cosas nuevas, porque mi corazón siempre encuentra formas diferentes para decirte lo tanto que me importas, lo tanto que te amo, lo tanto que te necesito y lo tanto que te extraño. 

Y aunque tu silencio no sea lo que yo prefiero, sé que quizá es un desafío que debo superar para poder leer o escuchar tus palabras una vez más. 

Y a veces lo refuerzo para que nunca te olvides de que sigo aquí para ti. Te amo, y te querré hasta que puedas quererte solo también.


Conversación real, 28 de octubre de 2025 entre las 12:15 p. m. y las 12:22 p. m.


lunes, 27 de octubre de 2025

El amor

 No olvides que el amor hace al mundo girar. Es la fuerza más poderosa del mundo, ese amor incondicional y de entrega. Si parte desde el corazón, seguramente sea algo bueno, y si lo haces por otros, con certeza vale la pena.

Nunca te olvides de pelear por lo que amas y por quienes amas.


Uno de los secretos más profundos de la vida es que lo único que realmente vale la pena hacer es lo que hacemos por los demás.

—Lewis Carroll

domingo, 26 de octubre de 2025

Reflexiones sobre el objetivo principal del ser humano

 ¿Cuál será la meta troncal que debemos cumplir mientras transitamos nuestras vidas? Ese objetivo que siempre ha de estar presente mientras seguimos el desarrollo de nuestra propia vida individual paralelamente. 

No sé si tendré la respuesta, pero creo que he llegado a plantear una posible.

Creo que la respuesta nos lleva a un lugar que, en lo personal, he sentido que no sufre el desgaste del tiempo: la escuela. Es uno de esos lugares donde el tiempo no parece pasar jamás. Uno puede irse y volver a ella mucho tiempo después, y sentir que nada ha verdaderamente cambiado. La gente no ha envejecido, el conocimiento no ha menguado y los valores aún persisten. Es un legado permanente en el que los espíritus siempre se mantienen jóvenes aunque haya tanta gente que transite las instalaciones. Las escuelas siempre se suelen presentar como un sitio resguardado de la crueldad del mundo exterior, del sucio mundo político y superficial de los adultos. Es un ambiente seguro para la integridad de los niños, donde el fin más valioso es el conocimiento, y no necesariamente el científico.

¿Por qué menciono la escuela y no la casa? Porque en la casa el tiempo sí parece pasar. Las familias cambian, y no siempre es para bien. Es la escuela el único lugar que parece no cambiar ni desviarse de su objetivo, y a veces el que puede corregir las enseñanzas desacertadas o el bien distorsionado instruido en la casa de un niño. Este es un concepto que se conoce en la filosofía del bien y el mal como «naturaleza vs. crianza».

Pienso que nuestro objetivo primordial parte desde aquí: desde la niñez en la escuela. Los niños, aun con sus pequeños defectos o equivocaciones y al igual que los animales, suelen ser los seres más puros que existen, porque su inocencia les suele impedir discernir o diferenciar lo bueno de lo malo, pero conforme maduran, se van desviando de lo que los hacía puros de corazón. Empiezan a insertarse en un mundo social que los moldea y suelen adoptar comportamientos (que no siempre son buenos) para adaptarse al resto en lugar de seguir lo que les dice el corazón que es correcto. No lo cuestionan, solo lo siguen para evitar quedar aislados, sin siquiera pensar si lo que están haciendo es verdaderamente bueno. Y así terminamos teniendo personas que empezaron su vida en este mundo con un corazón honesto, puro, humilde, lleno de una fe inquebrantable y un espíritu libre e indomable, pero que terminaron errando su camino con el paso del tiempo.

Esto, para mi pesar, ocurre en la gran mayoría de los adultos. Personas que, por desgracia, no tuvieron la fortaleza ni la voluntad suficiente para afrontar los desafíos de la vida. No pudieron apegarse a sus principios en los momentos de mayor adversidad ni hacer lo que era realmente correcto en el momento de la prueba verdadera. Personas que sucumbieron a la corrupción del corazón y que se doblegaron a lo que antes, cuando eran inocentes, tenían en claro que era algo malo: los vicios, los prejuicios, el rencor, la tentación, la ambición y el deseo de poder. Personas que perdieron la inocencia y la humildad de su ser, lo que las diferenciaba de los demás, para aceptar una forma de bien distorsionado mucho más conveniente para la situación, que no es más que el verdadero mal disfrazado, la verdadera caída del alma y un desprecio por el regalo de la vida, la oportunidad de estar vivo. Nuevamente, como mencioné, es la triste realidad de la mayoría de los adultos, que en el presente no son más que una sombra de la inocencia que tenían. Me apena decir que, exceptuando situaciones en las que peligrara su integridad física, no supieron optar por el camino noble, mucho menos retomar su camino original después de equivocarse. Más bien, hicieron de la práctica errada una norma.

Y nadie es infalible. Todos cometemos errores, pero lo más importante es saber retomar el camino cuando uno aprende de ellos. Así recuperamos el valor de la vida y alcanzamos la verdadera felicidad. Ahí siento yo que está nuestro verdadero objetivo: en marcar la diferencia, porque cuando el espíritu pierde la nobleza y sucumbe a la corrupción (desde mentir a conveniencia, hasta prejuzgar, incluso pasando por ser egoísta, lastimar al prójimo, autodespreciarse, aparentar para encajar, no autopreservarse o autodestruirse), es cuando el rumbo se ha perdido.

Creo fervientemente que el verdadero desafío y objetivo del ser humano es apegarse a su misión como modelo de pureza y resistirse a las influencias erradas del mal social para inspirar a otros. Creo que estas acciones son auténticos ecos de la verdad divina.

El lavado de cerebro

Si bien el lenguaje es una herramienta preciada para crear, expresar, amar, imaginar, comunicar, enseñar y profesar el bien, hay personas que lo usan para persuadir o manipular, sobre todo a las mentes más débiles o vulnerables, o menos instruidas, formadas o preparadas. Me gustaría aportar mi granito de arena con el apartado que escribí en mi artículo teórico sobre el poder ideológico, teniendo en cuenta los tiempos difíciles que se viven en la esfera política, en especial cuando se trata de elecciones importantes. Espero que esto llame a la reflexión y ayude a más personas a quitarse la venda de los ojos.


4.9. ¿Qué es el poder ideológico?

Hemos mencionado con constancia el término poder, pero en realidad no definimos qué es. Es lo que tienen aquellos miembros importantes de la sociedad que manejan instituciones gubernamentales, académicas y sociales prestigiosas o que son dueños de empresas económicamente poderosas. Fairclough denomina a estas élites el bando dominante. ¿Por qué es un bloque? Porque siempre tratan de protegerse entre sí para mantenerse poderosos, en especial si se produce alguna injusticia por su culpa. En otras palabras, operan como un todo, como un grupo cooperativo que apunta al mismo objetivo. Pero ¿por qué estas personas son poderosas y su discurso es tan influyente? Ciertamente, se debe a que disponen de algunos de los recursos que con normalidad se asocian con la posesión de poder: riqueza, ingresos, un buen trabajo, una buena posición o condición, conocimiento, una buena educación y la variedad estándar de un idioma —es decir, la variedad utilizada en instituciones oficiales, como el gobierno— (van Dijk, 2001). Una respuesta bastante obvia a la pregunta de «¿qué es el poder?» sería «la capacidad para controlar a los demás». Pero en el ACD, a los analistas les interesa un tipo particular de poder: el poder ideológico. El poder ideológico es la capacidad para «proyectar las prácticas de uno como universales y como “sentido común”» (Fairclough, 1989, p. 33).

Hay dos formas de ejercer y mantener el poder. Una forma es mediante la coerción y la otra forma es mediante el consentimiento. Por un lado, la coerción involucra el uso de la violencia física o la muerte para obligar a los otros a hacer lo que deseamos; esta forma de poder es poco frecuente hoy en día ya que está mal vista: inspira el miedo y puede ocasionar rebeliones en algún punto. Por otro lado, el consentimiento implica persuasión y a veces manipulación. En esta forma de poder, el discurso cumple un rol crucial: esta forma de poder se ejerce mediante el discurso. Al ejercerlo de esta manera, los poseedores de poder consiguen que otras personas piensen y se comporten como ellos desean. De este modo, no hay necesidad de usar la fuerza, ya que una persona con el cerebro lavado pensará que lo que se le ha dicho y enseñado está bien, sin importar si le dices lo contrario. Cuando las personas aceptan lo que se dice en un discurso particular, se produce una manufactura del consentimiento. Cuando esto ocurre, la ideología oculta dentro del discurso se naturaliza, lo que significa que las personas consideran que tiene sentido, es normal y legítima, y no la cuestionan.


Cuanto más mecánico sea el funcionamiento de una suposición ideológica en la construcción de una interpretación coherente, menor será la probabilidad de que se vuelva el foco de concientización y, por ende, más seguro será su estado ideológico – lo que significa también que mayor será la eficacia con la que se reproduzca al usarse en el discurso. (Fairclough, 1989, pp. 85–86) 

 (Castellano, 2023, págs. 59–61)

 


Referencia

Castellano, T. (2023). El lenguaje como instrumento de poder: conceptos básicos del Análisis crítico del discurso.


Enlace al artículo completo:  https://drive.google.com/file/d/1ufoJtyuuM7DVi-zEDlX-FURdg7N5mVzf/view?usp=drivesdk

Es un asunto peligroso

 [Los hobbits] no tienen ningún interés por el mar ni gusto por el agua en general, a excepción del baño. Y en cuanto a la travesía de las grandes montañas, sólo les interesa en cuanto tienen que franquearlas, y es una lástima. En materia de viajes son gente poco propensa a las aventuras, y a los que se animan a la aventura se los considera raros. Pero de todos modos, como ya se ha dicho, el que menos se lo espera puede ser víctima de una repentina curiosidad. A Bilbo le había sucedido, y el efecto le duró toda la vida.

A menudo solía decir que no había sino un Camino, que era como un río caudaloso; nacía en el umbral de todas las puertas, y todos los senderos eran ríos tributarios.

«Es un asunto peligroso, Frodo, cruzar la puerta —solía decirme—. Pones el pie en el Camino, y si no cuidas tus pasos, no sabes hacia dónde te arrastrarán».


J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos: la comunidad del anillo.

sábado, 25 de octubre de 2025

Agradecimientos

No fue el mero azar lo que me llevó a ser la persona que soy y a tener la forma que tengo de ver el mundo. Esto se debió principalmente a dos pilares fundamentales de mi vida: la educación y la literatura.

En primer lugar, quiero expresar mi gran gratitud a los educadores que tuve en el transcurso de mi vida académica, en especial a los que estuvieron en mis años más vulnerables y tiernos. Fueron los que gestaron en mí este amor por el saber; plantaron la semilla del deseo por conocer más, y tuvieron el tacto suficiente para ayudarme a asumir las primeras responsabilidades, abordar los primeros problemas y corregir los primeros desaciertos que tenía durante mi proceso de socialización cuando parecía errar o desviarme del camino correcto. Agradezco mucho la educación que recibí (y les agradezco a todos los que formaron parte de ella) porque formó una parte muy considerable de mi carácter como persona, asentó las bases de la búsqueda por querer superarme cada día y asfaltó el camino del bien al que seguir para ser mejor cada día.

En segundo lugar, pero no menos importante, les agradezco a los autores de diferentes obras literarias que me ayudaron a establecer modelos ideales de lo que quiero y lo que no quiero ser, me ayudaron a entender más el mundo y dejaron enseñanzas invaluables que trato de aplicar en mi día a día. Esos expertos que, a través de la ficción, supieron transmitir toda su sabiduría a los lectores.

Mientras que los maestros de escuela a menudo enseñan el conocimiento científico, ustedes implícitamente tratan temas de la vida en sus libros que normalmente no se tratan ni enseñan en la formación académica, o que en algunas ocasiones, se dan por sentado o se enseñan de forma muy general: el amor genuino e incondicional, la entrega, la verdad, la felicidad, la madurez, la vida, la reflexión, la humildad, entre otros. 

Supieron adquirir una percepción muy valiosa de la vida y depositarla con éxito en un libro para que millones más pudieran apreciarla e incorporarla. Me ayudaron a pensar, reflexionar y cuestionar quitándome la venda de los ojos y moldeando una nueva forma de ver las cosas. Definitivamente yo no habría sido capaz de ver el mundo de la forma en que lo hago si no hubiese leído dichas obras maestras. En ciertos momentos de soledad, incluso se volvieron una auténtica compañía, porque me sentía entendido cuando los demás no me entendían. 

Y, adicionalmente, en ambos pilares también conocí y reafirmé mi amor por las lenguas, que no son sino el puro arte de comunicar y reflexionar, el puro arte de imaginar, crear y dar vida, el puro arte de brindar una visión del pensamiento vivo, el puro arte de ofrecer una percepción de la mente humana y del mundo, el puro arte de enseñar, codificar, aprender y adquirir.

De lo contrario, no habría duda de que no me encontraría redactando esto.


Solo tengo para decir: gracias. 

Porque he aprendido mucho gracias a ustedes y aún tengo mucho más por aprender siguiendo sus pasos.

¿Habré madurado muy rápido?

A veces creo que maduré muy rápido.

Cuando estaba en el último año de la escuela secundaria, por ejemplo, solo pensaba en prepararme para comenzar la universidad y ansiaba que el año pasara rápido, mientras que mis excompañeros se enfocaban principalmente en la superficialidad de los festejos propios del último año y en extender el tiempo de su último año lo más que pudiesen, negándose a crecer. Debo admitir que participé en muchas cosas por pura «obligación» o «práctica colectiva», como para evitar quedar aislado, pero tampoco voy a renegar tanto de mi pasado. El punto es que empecé a tener signos de esta madurez temprana desde muy pronto. 

Objetivamente soy una persona muy dedicada. Tengo una tendencia a alcanzar mis objetivos con rapidez, pero eso también ocasiona que se me acaben las aspiraciones o motivaciones con facilidad.

Considero que quizá no disfruté la plenitud de mi adolescencia porque siempre me enfoqué en tener responsabilidades. Eso me trajo problemas de ansiedad, autoexigencia y perfeccionismo, a diferencia de otras personas que no se preocupan por nada en absoluto y disfrutan de su día a día sin pensar en el futuro. Yo siempre estuve cinco pasos adelantado, pero a su vez me quedé sin nada más que hacer después de haber logrado lo que quería lograr a la edad que tengo. Mientras que hay personas que buscan prolongar sus hábitos jóvenes lo más que puedan, es como que yo me volví un adulto muy rápido por mi propia voluntad. Ahora tengo problemas para evitar que mi rutina se vuelva monótona.

¿Debería haber disfrutado más de ser adolescente o de actuar como uno? No sé, y ya no es algo que pueda resolver de todos modos.

En parte puede que también tenga que ver con mi propia personalidad o estilo de vida clásico y conservador: repudio considerablemente los vicios, excesos o hábitos propios de una vida insalubre, sobre todo si soy consciente de que son dañinos. Siempre he sostenido la idea de que la voluntad, el autocontrol y la razón deben ser más fuertes que el deseo, la tentación o el vicio. Aquel que se doblega ante sus deseos, vicios o «escapes» que en realidad le generan daños a corto o largo plazo solo denota tener una mente débil, pobre, perturbada, desviada, corrupta e incapaz de manejar la adversidad, al igual que un escaso aprecio por su inmerecida vida o cuerpo. Después de todo, ¿qué beneficio real podría haber en las prácticas o acciones voluntarias que solo perjudican a uno mismo? Muchos de estos hábitos o prácticas están presentes en la adolescencia y, por desgracia, se suelen extender a la adultez y a veces incluso perduran hasta la vejez. Son pocas las personas que sí pueden despegarse de ellos (sus «demonios internos») y recuperar el auténtico aprecio por la vida.

Mientras muchas personas pierden el rumbo de sus vidas por la falta de visión y juicio, a tal punto que se terminan encontrando a sí mismas en un pozo depresivo cuando su juventud se termina, con el tiempo yo empecé a pensar que la verdadera felicidad se encuentra en la simpleza de las cosas. Tuve que equivocarme para darme cuenta, ya que nadie es infalible, y ciertamente sigue habiendo actos pasados de los que aún reniego, aunque hayan quedado abandonados en el lejano recuerdo, pero todavía existentes en lo más profundo de mi mente.

Para mí, la felicidad yace en las cosas más pequeñas, aquellas que suelen pasar desapercibidas para la mayoría de las personas y que solo algunas logran ver una vez que maduran (como normalmente ocurre, pues es la madurez la que nos ayuda a ver la vida de otro modo). Son esos pequeños actos que llevan a uno de vuelta al lugar donde siempre fue feliz, donde el corazón siempre se siente cómodo y donde el alma sana cuando está herida: el hogar. Cosas tan simples, pero a la vez saludables como leer, descansar, relajarse, dormir un poco más, jugar un videojuego entretenido, comprar una comida que me gusta mientras veo una película entretenida, pasar tiempo de calidad con un amigo o con una pareja, cultivar el amor de pareja, pasar tiempo solo para reflexionar sobre la vida, el mundo y los misterios del universo. Planes tan simples lejos de la exposición y del ojo público, lejos de los factores que alteran la mente o lastiman el cuerpo y el alma. Estos planes, a su vez, se pueden complementar con otros actos que definen nuestro gran valor y conocimiento: servir y desearle el bien al prójimo, tratar a los demás con amabilidad y compasión, evitar los prejuicios, practicar el bien y honrar la verdad, preservar la vida, saber perdonar, autopreservarse cuando hace falta.

Son las acciones más simples, pero a la vez las más significativas, trascendentales y complementarias, de los momentos más ordinarios y modestos, las que realmente nos dejan un mayor aprendizaje, porque, como en otro apartado mencioné, el verdadero conocimiento siempre parte de la más pequeña de las cosas: la humildad. Cierto es que nadie está exento de los errores, y estos se pueden repetir, pero el ser siempre se encontrará en paz si sabe redimirse y recuperar su camino, lejos de la corrupción, y si verdaderamente aprende de sus errores.

Esta es la esencia misma de la vida, la que le devuelve su significado y propósito para nosotros, y la que nos ayuda a vencer el miedo a la muerte cuando sentimos que nuestra misión ya está cumplida. 


Pero siempre hay algo más para aprender o descubrir. Quizá hay otras metas deparadas para mí que aún no logro ubicar, y eso es parte del desafío.

jueves, 23 de octubre de 2025

Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí

 — Minino de Cheshire —empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el tratamiento cariñoso; sin embargo, el Gato solo sonrió un poco más—, ¿podrías indicarme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

— Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar —dijo el Gato.

— No me importa mucho el sitio... —dijo Alicia.

— Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes —dijo el Gato.

— ...siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia, a modo de explicación.

— ¡Ah!, seguro que lo consigues —dijo el Gato—, si caminas lo suficiente.


Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas

La felicidad

 Yo no sé con precisión qué es la felicidad, aunque creo que si tuviera la clave de la felicidad, la compartiría con todo el mundo.

Pero si lo hiciera, ¿perdería su esencia?

¿Es porque la felicidad es algo que buscamos pero que no alcanzamos lo que nos motiva a querer atraparla y atesorarla?

Conversación real

 ¿Sabes?

Yo también tengo inseguridades, y son muchas. Tengo también mis días difíciles donde siento que no valgo nada. Y esto es algo que tú ya sabes. En algunas ocasiones incluso me pasó cuando estuvimos juntos.

Por ejemplo, uno de mis problemas más grandes es el perfeccionismo y la autoexigencia en mi trabajo o profesión. Hace un rato, por ejemplo, tuve un bajón súper grande por un error que cometí y por el que me corrigieron frente a los demás. Me sentí tan expuesto e inútil.

Y créeme que duele. Esos días siento que soy un incompetente bueno para nada. 

¿Pero sabes qué más? A la larga siempre me recompongo. Termino volviendo a ver el valor en mí, y el valor que los demás ven en mí, las personas que me aman. Me hacen ver que, aunque a veces me cueste creerlo, los errores no me definen ni moldean a mi persona. Son solo días malos que tengo en los que mi autoestima baja y en los que mis fallos parecen opacar mis aciertos, pero a la larga, cuando esa angustia cesa, después de permitirme estar mal, vuelvo a ver las cosas con claridad, y me doy cuenta de que sigo aprendiendo, algo que nunca terminaré de hacer.

Quizá a veces me frustra admirar a otras personas y no poder ser como ellas o alcanzar su nivel de conocimiento, pero después siento que yo puedo llegar a saber cosas que ellos no, o incluso recuerdo que debo evitar codiciar el conocimiento, porque eso solo me lleva a la soberbia, a la ambición y a la dominación, y anula la pureza, la nobleza y la humildad de mi corazón, que son el verdadero conocimiento. El verdadero conocimiento siempre parte de la humildad, del miedo a no saber y de la incertidumbre de lo que ya sabemos. De saber que no sabemos todo realmente. 

Una de esas personas que me hacen ver mi verdadero valor y conocimiento eres tú. Tú eres quien me inspira valor cuando tengo miedo. 

Y yo quiero demostrarte lo mismo. Para mí siempre serás una de las personas más valiosas que pueda haber, y te lo quiero demostrar siempre que pueda, para que tú también puedas verlo. 

En estos tiempos, con tantos problemas de autoexigencia y problemas familiares que no me dan respiro, vos sos mi única inspiración real. 


Conversación real, 23 de octubre de 2025 a las 21:13. 

lunes, 20 de octubre de 2025

No me abandones

 Haz lo que tengas que hacer, solo no me abandones...

La sombra del pasado

 Oigo los sollozos del presente y presiento la gélida y amarga incertidumbre del futuro.

Quisiera regresar en el tiempo. Quisiera poder habitar un lugar donde el tiempo no pase...

Un lugar donde la felicidad sea eterna, donde el alma no envejezca, donde el júbilo no conozca fin y donde la historia no caiga en el olvido. Un lugar donde la aurora se mantenga constante y el ocaso nunca llegue. Quisiera poder habitar un lugar donde el enamorado y la muerte nunca se encuentren...


Dejaré mi tierra por ti

Dejaré mis campos y me iré

Lejos de aquí

Cruzaré llorando el jardín

Y con tus recuerdos partiré

Lejos de aquí


De día viviré

Pensando en tus sonrisas

De noche las estrellas me acompañarán

Serás como una luz

Que alumbre mi camino

Me voy, pero, te juro que mañana volveré


Al partir

Un beso y una flor

Un «te quiero», una caricia y un adiós

Es ligero equipaje

Para tan largo viaje

Las penas pesan en el corazón


Más allá

Del mar, habrá un lugar

Donde el sol cada mañana brille más

Forjarán mi destino

Las piedras del camino

Lo que nos es querido siempre queda atrás


Buscaré un hogar para ti

Donde el cielo se une con el mar

Lejos de aquí

Con mis manos y con tu amor

Lograré encontrar otra ilusión

Lejos de aquí


Extracto de la canción Un beso y una flor de Nino Bravo

domingo, 19 de octubre de 2025

El verdadero conocimiento

 El verdadero conocimiento viene de la más pequeña de las cosas: viene de la humildad. El conocimiento real siempre parte desde el que no sabe, desde el que duda y se mantiene humilde ante su poder. En cambio, el que intenta poseer el poder del conocimiento siempre está sujeto al margen del error, de la codicia o el egoísmo y, en el peor de los casos, de la corrupción. Su ambición no le permitirá ver sus errores, hará que se desvíe de su camino y le terminará pudriendo el corazón.

Siempre sabrá más el que realmente no sabe que el que realmente sabe, porque el verdadero conocimiento viene de la humildad, no del poder.

Aquel que no sabe y que no busca poseer el poder del conocimiento es el que a la larga más sabrá, por la pureza, la nobleza y la humildad de su espíritu.

La duda y el temor son elementos valiosos, pues son los que nos mantienen humildes. Cuando ya no tengamos dudas, será cuando ya no sepamos realmente nada. Y nuestra verdadera valentía siempre parte desde el temor. Si no sentimos miedo, no podemos anticipar el verdadero peligro.


Creo que ahora es más fácil entender por qué hay tanta gente en altos puestos de poder y dominio que verdaderamente no saben nada. Su conocimiento no parte de la humildad y, en esencia, es errado.

Si algún día ya no estoy

 Si algún día ya no estoy, el único vestigio de mi memoria y de lo que alguna vez fui serán mis páginas. Así al menos quedará una última parte de mi existencia en la tierra.

Me he dado cuenta de que la felicidad está en las cosas más pequeñas. Cuando maduras, te das cuenta de que la superficialidad del mundo moderno ya no te llena. Solo buscas ir a donde te sientes cómodo, a donde verdaderamente fuiste feliz, a donde aprendiste a ser feliz, a donde fuiste feliz por primera vez... a tu añorado hogar. Esa simpleza en realidad se convierte en lo más profundo de las cosas.

I'm just a cat

 Canción dedicada a mi hermoso compañero felino, la luz de mi vida. Aquel que jamás se olvida de ser noble. Aquel que jamás me defrauda y si...