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jueves, 12 de marzo de 2026

Un angelito

 En las situaciones donde se presenta un dilema moral, aquel donde debemos decidir: «¿actúo o no? ¿Es mi problema o el de alguien más?», aprendo cada vez más la delicadeza de la vida. La vida es tan preciada porque es única e intransferible. 

A mí se me presentó algo así el domingo.

Volvía de un viaje camino a casa del aeropuerto y el destino me puso un pequeño ángel felino en los ojos. Estaba en una situación de abandono, y en estado avanzado de desnutrición y enfermedad. Ahí es donde el dilema moral se suele producir, entre la acción y la omisión: «¿salvarlo y hacerme responsable, o irme, ya que no es mi problema?»

En mi caso, la decisión fue automáticamente instintiva. Lo rescaté, lo lleve para que recibiera atención veterinaria y lo cuidé tanto como pude.

Me hubiera gustado que sobreviviera gracias a mis cuidados, pero su cuadro era ya muy grave. De todas formas, en sus últimos momentos, tengo presente el momento en el que, cuando se quejaba de la gravedad de su estado y mucho ya no podía hacer, lo recosté sobre mi pecho para darle calor corporal y tranquilidad. Lo acaricié y eso lo tranquilizó. A ese punto él ya no podía mover ninguna parte del cuerpo... salvo una, que fue lo que me sorprendió: la cola. Hacía movimientos con la cola y es una señal que sigo tratando de interpretar: ¿se sentía seguro? ¿estaba agradecido? Falleció finalmente minutos después de que lo puse en la cajita donde dormía, acompañado de mis caricias y mi llanto desconsolado.

Fue un angelito que, como otros que habitan en nuestro mundo, me enseñó que la vida es preciada porque es única e intransferible, más valiosa que cualquier piedra preciosa o que cualquier cantidad exorbitante de dinero. 

Yo me ocupé de darle todo lo que necesitaba. Aunque no fue suficiente para salvarlo, no me arrepiento de haberlo hecho. Ese fue mi dilema moral. Y creo que lo volvería a hacer si se presentara otra situación así.


Teniendo un problema grave de animales en abandono, da mucha angustia vivir en un lugar donde no hay ni un solo refugio-clínica para animales que reciba animales desamparados y en este estado de enfermedad donde se le puedan dar cuidados avanzados. Yo no pude salvarlo, pero nunca dejo de pensar que quizá algún centro especializado podría haberlo hecho. Nunca lo sabré.

Un hechizo llamado elección II

Inspirado en el universo mágico de HP de J. K. Rowling.  La carta llegó durante el desayuno. No fue por lechuza ni por ningún tipo de vuelo....