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viernes, 26 de septiembre de 2025

F

 Un veinteañero desolado salió al jardín de su hogar. Era un jardín bien cultivado con un césped verde brillante, pero con pocas plantas. Había mucho espacio sin obstrucciones. El chico se acercó al rincón donde terminaba el jardín, donde había más plantas en comparación con el resto del jardín, que le daban un aspecto más estético a esa área en particular.

El joven tenía sostenía dos objetos, uno en cada mano. Cuando llegó al rincón, ubicó el sitio adecuado para reposar el primer objeto: una placa sin detalles.

Tras dejar el primer objeto en el verde césped, enunció:

No tienes idea de lo mucho que pienso en ti. Aún no asimilo que ya no te vea más, que esa haya sido la última vez que te vería sin saberlo, que sería el último beso o el último abrazo que te daría sin saberlo. Sigo sin procesar qué es lo que pasó o qué es lo que salió mal, pero aún te extraño y te amo mucho. Y aunque todo el mundo estuviese en mi contra, no te dejaría de amar.

No sé si yo hice algo malo o si abordé algo de la forma incorrecta, pero de todas formas quería decirte que seguiré aquí. Si algún día crees que no hay escapatoria o que estás completamente solo, ojalá recuerdes bien este mensaje: no lo estás. Yo estaré acá. Te amo y ojalá algún día pueda aunque sea abrazarte una vez más.

Su voz se quebró un poco y una lágrima se deslizó por una de sus mejillas. Pensó: «No es fácil encontrar a alguien así. Alguien tan considerable, sensible y noble. Lo besé, abracé, vi, sentí y escuché su voz por última vez sin saber que sería la última vez... Qué dolor». 

Acto seguido, el chico colocó el segundo objeto justo al lado del primero: era una flor de loto. Estaba impecable y se la veía saludable. Parecía crecer con rigor y aparentaba estar llena de vida. Una flor tan hermosa que era reminiscente de aquel ser del que hablaba el enunciado: que a pesar de las adversidades, su espíritu se había mantenido noble, puro y resiliente, hasta donde pudo. 

El muchacho regó un poco la flor y observó un momento la placa. Un instante después, talló algo rápidamente en ella y se marchó definitivamente. En la placa obraba una letra: la F.




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