En la entrada ¿Cómo fue la universidad para mí?, describí mi situación durante mi etapa como estudiante universitario, pero no mencioné qué carrera estudié ni di tantos detalles acerca de lo que involucra mi trabajo actual. Anticipé en ese momento que le dedicaría una entrada independiente.
Antes de decir cuál es mi profesión, me gustaría contar cuáles fueron mis opciones originales. Cuando me planteé qué quería estudiar durante mi adolescencia, siempre tuve dos opciones en mente: la primera fue actor de doblaje. Un sueño que siempre he tenido desde chico y que nunca dejé morir. Me encantaba actuar, pero a veces tenía vergüenza de estar en un escenario o frente a una cámara. Bueno, siendo actor de voz o de doblaje, el único instrumento en cuestión es tu voz y eso me da más seguridad. Quise estudiarlo de forma profesional, pero lamentablemente no lo hice por dos cuestiones principales: (1) la salida laboral es muy complicada y la competencia también, y (2) no hay ninguna institución académica en mi ciudad que tenga alguna carrera sobre esto específicamente y me hubiera salido mucho dinero mudarme para ir a estudiar a alguna otra ciudad del país. Es una pena que no haya podido estudiar esto, pero estoy feliz por no haber dejado morir mi amor por el doblaje, ya que, si bien no me dedico a ello profesionalmente, sí lo hago como pasatiempo. Puedo hacer muchas voces y sueño con que algún día pueda prestar mi voz para un personaje. Pienso a su vez también hacer en algún momento algún curso en doblaje si puedo. Seguramente le dedicaré una entrada en mi blog en su debido momento. Mi otra opción fue justamente lo que terminé estudiando, y por supuesto que no me arrepiento de haber estudiado lo que estudié.
El nombre de mi profesión por sí solo explica de qué se trata o qué es lo que hago: me gradué de traductor de inglés-español el año pasado. Firmé la promoción de mi última materia el 1 de agosto de ese mismo año. Bueno, ¿qué hace un traductor? Pues traduce, así sin más misterios. Traduce un texto escrito que comunica un mensaje de un idioma a otro para que una cultura sea capaz de entender un mensaje que se comunicó originalmente en otra cultura diferente.
Bueno, mi profesión me encanta. Me encanta traducir, aunque no es algo a lo que me dedico realmente, pues lamentablemente no se ha vuelto rentable y es difícil armar una cantidad sólida de ingresos viviendo solo de eso. Quisiera poder contar una realidad propia de una película de Disney, pero la verdad es que el oficio de traductor es muy sacrificado si se opta por trabajar para agencias de traducción. Y uno además termina haciendo más trabajo e invirtiendo más tiempo del que debería. ¿Recuerdas cuando hablé del capitalismo tacaño? Bueno, las agencias de traducción también lo practican pagando migajas.
Hay dos motivos principales, según mi razonamiento:
- La traducción no es una profesión en todo el mundo. Según lo que tengo entendido, solo está reconocida como una profesión en Argentina y Uruguay. Es decir, solo en estos dos países hay universidades que brindan una carrera universitaria para estudiar este campo de forma profesional. En otros países la traducción no está reconocida como una profesión, lo que hace que el oficio del traductor se precarice y la demanda no esté dispuesta a pagar lo que un profesional cobraría (honorarios) al no reconocerlo como un trabajo del todo profesional. Algunas agencias de traductor solo piden como requisito una persona que hable dos idiomas y ya, y la verdad es que traducir es más que simplemente saber idiomas. Hay técnicas, conceptos y consideraciones detrás de esto, como en cualquier otro campo.
- Las agencias han encontrado muchas formas de pagar menos. Ya tienen su glosario armado de palabras ya traducidas, por lo que no le pagan completamente al traductor por estas palabras, pues ellos ya las tienen traducidas. Nuevamente, como dije, traducir va más allá de tener un glosario, pues aunque el vocabulario esté traducido, no tendrá sentido si no está ubicado en una oración adecuadamente estructurada. Eso es algo que las agencias no ven y por eso cuentan palabra por palabra para ver qué pueden descontar y qué no de la paga (una tacañería increíblemente extrema). No contemplan la dificultad del contexto del texto en su totalidad ni qué tan bien o mal redactado pudiera estar (porque sí, a veces un texto da muchísima dificultad cuando la persona que lo redactó realmente no sabe escribir bien). Siempre se hacen las que tienen un presupuesto limitado, que me parece la mentira más grande del mundo. Si vas a tener una empresa, en especial una grande e internacional, no creo que vayas a dar lástima con tus prestadores para pagarles tan poco y con tanto descaro. Y esto puede ser peor, pues las agencias de traducción suelen pagar uno o dos meses después solo te pagan por el producto final: la traducción (y esto también pasa en la traducción de subtitulado y la transcripción de audio). Bueno, pero ¿qué hay del tiempo (que no es poco) que invertís en la edición y el formato? Eso no es traducir, pero es parte del trabajo igual. Tener que corregir el formato del texto y de las imágenes que a veces se desconfigura, emitir informes y registros de errores que piden, entre otras cosas que no tienen que ver con el acto directo de traducir. En el futuro seguramente hablaré de esta realidad un poco más en profundidad. Por lo pronto, dejo un enlace de una página (en inglés) en la que los traductores suelen exponer a estas empresas explotadoras que llevan a cabo este tipo de prácticas: https://tri-trab.com/
Por esta triste realidad, tuve que ser un pco más inteligente y buscar otras alternativas. Definitivamente no quería separarme del campo del idiomas (en especial de la traducción), pues ahí está todo mi conocimiento. Gracias a Dios mi título universitario es muy amplio y me habilita a realizar muchas cosas. De todas formas, la reglamentación universitaria y profesional para realizar ciertas tareas o desempeñar ciertas funciones es una cosa, pero el ámbito privado y comercial es otra... El razonamiento de una empresa privada es: si cualquier persona puede ser político o presidente, entonces... ¿por qué cualquier persona no puede traducir un texto sin ningún tipo de preparación? Después de todo, la empresa es nuestra y nadie nos puede imponer que pongamos un profesional. Hay que ahorrar dinero si vemos que alguien puede realizar el mismo trabajo por menor dinero. Solo hay unas pocas profesiones muy específicas, como medicina o abogacía, que están estrictamente reglamentadas sin ningún tipo de flexibilidad legal (por eso no cualquier persona puede realizar una operación quirúrgica ni cualquier persona puede ser el juez de un caso penal).
De esta forma, terminé trabajando de intérprete de idiomas (y en teoría no debería, pues en Argentina y en Uruguay, esta es una especialización brindada por universidades, que solo los graduados en traducción pueden estudiar; pero, como mencioné anteriormente, el mercado laboral de EE. UU. no contempla esto, pues allá la interpretación no está reconocida como una especialización universitaria, y solo le importa tener mano de obra barata si es posible, así que suelen capacitar interna y privadamente a sus intérpretes para que realicen un trabajo profesional). Yo actualmente trabajo de intérprete médico telefónico de español. El común denominador de la gente no entiende cómo es este trabajo, así que lo definiré rápidamente. Un intérprete es aquella persona que reconstruye el mensaje de un texto oral (a diferencia del traductor, que trabaja sobre textos escritos) de un idioma al otro. Es decir, mantiene el significado de un mensaje oral expresado un idioma y lo pasa a otro idioma. En palabras simples, traduce oralmente lo que se dice de un idioma a otro. Ahora bien, ¿por qué «médico» y por qué «telefónico»? Médico porque me suelo desempeñar en llamadas que tienen que ver con la salud y la medicina, también denominadas Language/Level 4 (L4). Las agencias de interpretación suelen clasificar a los intérpretes y a las llamadas que pueden tomar en L2 (llamadas de atención al cliente), L3 (llamadas de seguros), L4 (llamadas médicas) y L5 (llamadas legales). Telefónico porque brindo mis servicios en una línea telefónica. Un cliente angloparlante contrata el servicio de la agencia de interpretación (que tiene una línea telefónica de intérpretes las 24 horas) porque tiene un paciente hispanoparlante, y necesita comunicarse con él. La proliferación de latinos que han inmigrado a los Estados Unidos en busca de una mejor calidad de vida o la huida de un régimen extremista presente en su país de origen han hecho de este servicio una gran industria, pues cada vez son más los latinos que pueblan el sur de los Estados Unidos principalmente. En Estados Unidos se pensó principalmente en el idioma español a la hora de brindar estos servicios, pues es el segundo idioma más presente en dicho país después del inglés, pero con el tiempo empezaron a proporcionar todos los idiomas e incluso llevaron sus servicios a otros países como Canadá y el Reino Unido. Sí, hay agencias de interpretación que se han vuelto multinacionales (aunque entre nosotros sabemos que no de formales muy legales ni honestas, no siempre, al menos).
Pero ¿todos ven con buenos ojos estos servicios? Bueno, la verdad es que no. Yo al menos veo que hay dos miradas concretas sobre este tema, y tiene que ver también mucho con la brecha que hay entre los republicanos y los democratas.
Por ejemplo, la ley estadounidense establece que todo paciente médico que habite en suelo estadounidense merece recibir cuidados médicos en su idioma nativo. Por ende, los hospitales (instituciones privadas) están obligadas por ley a proporcionar cuidados médicos en español si el paciente habla este idioma. Y si el personal no habla español, entonces tendrán que utilizar un intérprete para que el paciente pueda recibir la atención médica que necesita en su propio idioma, como lo merece, según la ley. Esta es claramente una política pública de naturaleza demócrata, y el problema que les presenta a los hospitales es que ellos tienen que pagar por ese servicio de interpretación (el gobierno no lo hace), pues están obligados por ley y sinceramente el servicio barato no es. ¡Ahí es cuando y donde las agencias de interpretación tienen el signo dólar en los ojos! Entonces los republicanos argumentan: «Este es nuestro país y ellos son los ajenos que vienen a atenderse aquí, ¿por qué tenemos que darles con el gusto de hablar su idioma si los ajenos son ellos y deberían adaptarse a nuestra cultura y a nuestro idioma, y no al revés?». Pero hay algunos empresarios que independientemente de su ideología política sostienen: «Si brindas ese servicio, podrás tener una mayor demanda de pacientes y a la larga facturarás más. Vale la pena invertir un poco y tener mayor ganancia después». Por desgracia, les guste o no, los hospitales deben acatar, pues la ley los obliga, y querrán ahorrarse alguna demanda por discriminación (que son moneda corriente en ese país), pues si el paciente denuncia que no recibió asistencia médica en su idioma, eso le podrá generar enormes pérdidas monetarias al hospital al tener que pagar compensaciones por los daños ocasionados. Se lo toman bastante en serio. Sí, es un tema picante, ¿no? En especial cuando involucra dinero. En este caso, es dinero de instituciones privadas (pues allá la salud pública no existe), pero esta diferencia de opiniones también se da en casos donde están involucrados los fondos públicos (es decir, el dinero recaudado a través de los impuestos). Hay programas de asistencia pública (por ejemplo, los programas de asilo para refugiados, los programas de asistencia médica para las personas de bajos recursos, entre otros) que fueron implementados por los demócratas. Si bien hay algunos, como Medicaid que brinda asistencia médica a las personas de bajos recursos y que no pueden pagarse un seguro médico, a los cuales los republicanos no se oponen, sí hay otros que sí generan molestia. Si tengo que mencionar uno en particular, podría hablar del programa de Mujeres, Infantes y Niños (WIC), que en Argentina vendría a ser lo que conocemos como la Asignación Universal por Hijo pero mejorada por diez, pues es un programa completo que brinda alimentos, recursos monetarios y asesoramiento médico-nutricional a embarazadas de escasos recursos. Los republicanos argumentan: «Tener un hijo es una decisión personal, ¿por qué hay que destinar dinero del Estado para ayudar a alguien que decidió (en la gran mayoría de los casos) voluntariamente tener un hijo? Se supone que si vas a tener un hijo, tienes los recursos y sabes cómo cuidarlo», pero los demócratas responden con la frase cliché: «No todos tienen la misma información ni educación ni oportunidades». De todas formas, aunque los republicanos no se opongan a la existencia de estos programas de ayuda, sí se oponen a que les sean otorgados a personas no nativas: «Vienen de sus países a tener hijos aquí y a pedir ayuda a nuestro país. Hasta hay que darles gusto con hablar su idioma. Ni siquiera son ciudadanos estadounidenses, algunos son indocumentados. Eso no es contribuir», pero algunos demócratas han respondido: «El niño que tiene padres extranjeros y que nace en suelo estadounidense es tan estadounidense como cualquier otro estadounidense, y tiene derecho a todo lo que un estadounidense promedio tiene. Además, nada nos impide pensar que en el futuro ese niño pueda contribuir a este país como cualquier otro estadounidense de bien». Sí, un tema complicado con posturas muy opuestas que sigue presente hasta el día hoy...
Bueno, se supone que tenía que hablar de mi ocupación, pero me fui por las ramas y terminé hablando del funcionamiento público de EE. UU. Es que todo esto lo sé porque lo veo todos los días en mi trabajo. No pretendo que mis entradas sean textos perfectamente estructurados; eso lo dejo para el ámbito académico, no para el ámbito personal. Además, sentí que tenía que dar contexto de cómo las personas ven la utilización de servicios para las personas no nativas que residen o que habitan ilegalmente el país.
Volviendo al trabajo de intérprete: ¿es rentable? La verdad es que sí, y más que la traducción, sin duda. Es lindo tener que trabajar en el momento, recibir dinero (y recibir un sueldo completo por nómina al final de ese mismo mes, no uno o dos meses después) por lo que hacés en ese momento y ya no tener que preocuparte por seguir trabajando después de tu jornada laboral. No quiere decir que no haya explotación, pues lamentablemente las agencias suelen pagar menos de lo que realmente un trabajo como este cuesta, pero definitivamente se puede percibir mayor ganancia al compararlo con la traducción.
Ahora bien, ¿es estresante o agotador? Sí, también. Por eso está mejor remunerada. Porque supone un proceso mental mayor y por ende genera un desgaste mental mayor. Cuando yo interpreto, siento que mi cerebro es un compás rítmico que pasa de inglés a español y de español a inglés constantemente: una interpretación consecutiva bilateral que no para jamás (y a veces hay llamadas que llegan a durar como una hora o más). Tengo que forzar mi memoria a corto plazo para retener lo que se dice y reconstruir el mensaje en el otro idioma. A veces una de las partes no es agradable, no se explica bien, tiene un acento difícil de comprender, está molesta o se está quejando, está llorando o se está descargando, entre otras cosas, que afectan la calidad de la interpretación. También tengo que comportarme como un representante de atención al cliente, y sonar cordial y agradable por presión en muchas ocasiones, incluso si la otra persona me trata como basura, como algo descartable o incluso cuelga la llamada sin siquiera decirme que ya no me necesita ni despedirse. Eso sumado a que a veces hay tanta demanda de llamadas una detrás de la otra definitivamente me marean el cerebro. Eso es algo con lo que tengo que lidiar todos los días, y muchas veces termino exhausto, pues yo personalmente trabajo ocho horas seguidas de esto. No es para todo el mundo, y por eso no todo el mundo lo hace. Y justamente por eso está mejor remunerada que la traducción, pues hay mucha demanda de mano de obra y la mano de obra disponible es muchas veces escasa (con justo motivo, pues no todo el mundo está dispuesto a aguantarse todo esto que acabo de contar).
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