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lunes, 2 de septiembre de 2024

Lo que es importarle tan poco a tu empleador...

 Me considero una persona amante del capitalismo. Amo poder tener libertad de comprar lo que yo quiera y de donde yo quiera al precio que me parezca mejor. Amo saber que tengo control sobre mi dinero de esa forma. Digo esto viviendo en una provincia de Argentina cuyo estado ha tenido control sobre muchos monopolios durante años, cosa que aborrezco enormemente, pues cuando la empresa del monopolio presenta fallos, los consumidores esclavos no tienen otra opción que someterse, ya que no hay competencia (es decir, no hay otras opciones para elegir como alternativa al monopolio). ¿Una sola empresa de luz, de gas, de agua para toda la provincia...? Sin mencionar cuando hay competencia desleal y el estado beneficia a una empresa preferida (y estatal) por encima de las demás que son privadas. 

Bueno, la idea de esta entrada no es ponerme a hablar de mis ideologías politíco-económicas. Solo quise decir que naturalmente soy una persona amante de la libertad económica y de que el estado intervenga lo justo y necesario para no molestar demasiado a las empresas, que son las benefactores sociales que generan el capital, la riqueza, la inversión y (claramente) los puestos de trabajo. SIN EMBARGO, más allá de que eligiría siempre al capitalismo, soy una persona objetiva y cero fanática, por lo que me es imposible negar que en muchas ocasiones sí hay explotación laboral en muchísimas empresas altamente capitalistas. Esa es la parte del capitalismo que detesto, y a la que suelo llamar capitalismo tacaño. Es cuando una empresa grande, en especial multinacional, tiene todos los recursos para invertir, para pagar buenos salarios a sus empleados, para mejorar, pero en lugar de eso, cegadas por su avaricia por el dinero, de manera descorazonada optan por otras medidas que solo generan malestar y sufrimiento innecesario para sus trabajadores. Cabe destacar que no incluyo a las pequeñas empresas en esta categoría, pues justamente por eso son pequeñas. Aún están creciendo y no pueden darse el lujo de una empresa grande. Estamos hablando siempre de empresas grandes, aquellas que facturan mucho, cobran bastante caro y aun así pagan migajas a sus trabajadores. 

Bueno, ese es mi caso. Yo trabajo para una empresa estadounidense que es así. Soy terciarizado.

Es horrible a veces sentir que no les importás para nada. Y en este caso no me refiero a la empresa terciarizadora (que es la que me contrata directamente), ya que más allá de que ellos responden a la empresa cliente (la empresa para la que realmente trabajo), sí reconocen mi humanidad. Yo en este caso hablo de la empresa cliente y de cómo nos tratan como si fuéramos máquinas. Se aprovechan de nuestra necesidad y de la situación económica de nuestros países. Saben que necesitamos el trabajo, y se aprovechan de ello para tomar medidas que resultan un poco esclavizantes si no parece haber otra alternativa laboral. Yo no diría esto si al menos las reglas fueran estables, pero la verdad es que cambian cada período, y eso genera un estrés al saber que cambian todo a su antojo y solo tenés que acatar porque firmaste un contrato de apegarte a sus reglas cambiantes. Se vuelve muy agobiante en la práctica, en especial si ya venías llevando un ritmo particular y realizando funciones particulares. Pondré de ejemplo la situación más reciente que ha ocurrido.

Explicaré cuál es mi trabajo en alguna entrada futura. Por el momento, solo quiero enfocarme en el problema. 

En mi trabajo yo tengo que tomar llamadas de un tipo particular (para el que me capacitaron). Las llamadas están distribuidas de forma tal que cada empleado tenga su respectivo tipo de llamada según la categoría en la que está. Un día los empleados de mi categoría en mi país (porque en esta empresa hay empleados de varios países) empezamos a recibir llamadas de una categoría más baja que no nos correspondía. Al principio pensamos que se trató de un error de buena fe. Quizá alguien habrá tocado un botón sin querer y eso ocasionó el problema (qué ilusos fuimos). La empresa terciarizadora tampoco estaba al tanto de lo que estaba pasando, así que solo se enteró gracias a los reclamos que los empleados de mi categoría hicimos para pedir que las cosas volvieran a estar como estaban al principio. Tras elevarse los reclamos para saber qué estaba pasando, nos enteramos de que la empresa cliente decidió desplazarnos a una categoría más baja para poder satisfacer la alta demanda que estaban recibiendo de esa categoría. Comenzaron con mi país porque en él estaba la mayor mano de obra, pero después seguirían con los otros países. Por supuesto que esto generó muchísima tensión y descontento. Para empezar, ¿por qué solamente mi país? ¿Era un acto oculto de xenofobia acaso? Si tenés mucha demanda de un sector, lo más sabio sería derivar toda la mano de obra que tengas a tu disposición para poder satisfacerla. Si no, solo estarías cargando innecesariamente a todo un país con un peso muy grande, pues eso pasó. Las llamadas empezaron a caer una detrás de la otra y la línea telefónica estaba insostenible porque la demanda era más grande que la oferta. Los empleados terminábamos extremadamente cansados y abrumados por la gran diversidad de llamadas que eran demasiado diferentes la una de la otra. Eso confunde y marea al cerebro. Ni siquiera bastaba con tener unos minutos de descanso pago, pues eran demasiadas llamadas en tan poco tiempo y las horas de trabajo se hacían eternas (imaginate lo que era para mí, que trabajo ocho horas todos los días). Y en segundo lugar, en vez de alterar la estructura ya establecida que funcionaba a la perfección y forzar a tus empleados existentes a amoldarse a algo para lo que no fueron totalmente preparados, ¿por qué no simplemente contrataron más empleados para satisfacer esa nueva demanda? Lo único que generaron es que hubiera renuncias masivas por parte de los empleados existentes que no podían aguantar las nuevas condiciones no anticipadas (quizá si hubiesen sido anticipadas, se podrían haber preparado un poco mejor). La respuesta es muy simple: tacañería. No quieren gastar dinero en más personal aunque saben que tienen que hacerlo. Los supervisores de la empresa cliente suelen argumentar que los empleados no deberían tener problemas para tomar llamadas de una categoría más baja, pues al ser estos empleados de una categoría superior, están "perfectamente capacitados" para hacerlo, pero estoy seguro de que esta es solo una respuesta que usan para justificar las acciones (por inmorales que sean) de la empresa cliente. Obviamente, harán lo posible para apoyar a su jefe, que paga sus salarios. Y yo discrepo totalmente de esta mirada que sostienen. Para mí la categoría de las llamadas no está establecida de forma jerárquica, sino clasificatoria. No es que una llamada sea más difícil que la otra y por eso un empleado de un rango superior debe poder hacer lo que hacen los empleados inferiores. La verdad es que en este caso, los empleados se clasifican para atender diferentes tipos de llamadas para las que se capacitan y en las que se especializan. Entonces, a lo que voy es que, si un empleado está acostumbrado a atender llamadas legales y vos de la nada lo asignás a tomar llamadas médicas, por más que las llamadas legales estén en una categoría superior a las médicas y en teoría el empleado "las pueda tomar", lo más probable es que lo haga mal, ya que son llamadas muy diferentes, de una naturaleza muy diferente y con terminología demasiado opuesta. ¿Pasar de hablar de delitos penales, juicios, etc. a hablar de enfermedades, procedimientos, tratamientos, etc.? En otra entrada contaré cuál es mi trabajo con más profundidad, pero por ahora solo lo mencionaré: intérprete de idiomas telefónico. Ahora ya pueden entender por qué un intérprete que se especializa en la terminología médica para atender llamadas de medicina no puede de la nada pasar a atender llamadas técnicas de servicios de internet para la que no recibió capacitación ni aprendió terminología relacionada.

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