Puedo reconocer que soy una persona que tiene problemas con el amor propio, en especial cuando me enamoro. Varios amigos cercanos me preguntaron en repetidas ocasiones si hay algún trasfondo de esta forma de ser. ¿Por qué suelo amar más a los demás de lo que me amo a mí mismo? Bueno, yo creo que todo esto tiene que ver con circunstancias de mi pasado. Más allá de la química que se produce en el cerebro cuando una persona se enamora, sí creo que hay antecedentes involucrados también. No es común que yo me enamore de alguien. Digamos que tiene que surgir una química, y es también un mecanismo de defensa... Mi corazón no se abrirá si no ve un motivo para hacerlo. Adicionalmente, el enamoramiento es una faceta de mí que no todo el mundo conoce, pues, como dije, no se da con frecuencia. Pero, cuando se da, es algo como...
Quizá con este relato se pueda entender por qué soy una persona que aprecia mucho el cariño. Mi mamá lo notó desde que yo era un niño. Espero no quebrarme mientras escribo esto (perdón, soy algo sensible). De todas formas, no quiero adelantarme. Vamos por partes y volvamos muchos años al pasado.
Cuando iba al jardín de infantes, mi mamá recibía «quejas» (y hasta hay un informe de esto que aún conservo) de que yo era un poco... afectuoso con mis compañeros, y bueno, ellos no siempre lo aceptaban de buena forma. Mi mamá trataba de explicármelo, pero de todas formas era algo que salía de mí mismo. Y era algo que, encima siendo niño y sin entender bien por qué lo hacía, cada vez crecía más y más...
Digamos que tuve que trabajar en mi comportamiento social para controlar eso. Enfocarme más en mis cosas y dedicarme al estudio, pero digamos que ese sentimiento solo estuvo oculto, no se fue. Y hasta maduró a medida que yo maduraba también.
Pero a la vez también me generó ansiedad social y aprecio por la intimidad. Por eso no soporto estar mucho tiempo en lugares demasiado poblados y con mucho ruido. Necesito aislarme. Pero eso no quiere decir que me guste estar «solo».
Lamentablemente este «cariño espontáneo» que yo tenía no se fue en jardín. Las maestras en la escuela primaria me tenían como una persona naturalmente amorosa. El problema es que cada vez era más difícil la convivencia con algunos compañeros por esto... ¿y lo más sorprendente? Todos eran chicos (o al menos eso recuerdo yo).
Una vez mi mamá estaba desesperada y fue a la escuela porque ya no sabía qué hacer... y lamentablemente la asesora psicopedagoga de ese momento (que en paz descanse) tampoco tenía una respuesta. Ella le dijo a mi mamá algo que nunca más olvidó, y que la marcó hasta el día de hoy:
Señora, yo no sé cómo enseñarle a un chico a no querer.
Mi mamá entonces se dio cuenta de que no era algo malo. Nunca lo fue.
Es una parte fuerte de mí que nunca se fue, que la mayor parte del tiempo mantengo oculta (o al menos trato hasta que esta es más fuerte que yo). Y quizá algo que la aumentaba era el hecho de que crecí solo en muchísimos aspectos. No me malinterpreten, nunca me faltó nada, pero quizá siempre me acostumbré a estar solo cuando era niño, o hay cosas que aprendí por mi parte antes de que me las explicaran. Eso sumado a que nunca experimenté un noviazgo como me hubiese gustado y me hicieron sufrir mucho.
A medida que fui madurando, fui aprendiendo a controlar este sentimiento. Aprendí a enfocarme en mí. Pero el sentimiento no se fue. Es parte de mí y sigue vivo... y no hay momento alguno en el que no espere ser liberado. Desafortunadamente en las ocasiones en las que lo liberé salí lastimado profundamente a tal punto que tenía una depresión increíblemente pronunciada provocada por una dependencia emocional. Por suerte este sentimiento no se libera con cualquier persona. Es una cuestión de química y me tengo que enamorar para que eso pase. Por suerte en eso es sabio.
Pero la masificación de las redes sociales no ayudó. Gracias a esto me topé con muchísimo contenido en el que se idealiza el amor. Y eso solo despertó más mis ansias de tener algo así, de que mis sentimientos se liberen. Aunque digamos que encontré la forma de canalizar este sentimiento de alguna forma: a través de la literatura. Leer romances me ayudó tal vez a llenar ese vacío por algo que no tengo. A disfrutar de la felicidad ajena.
No sé si es una bendición o una maldición. Digamos que tiene sus puntos positivos y sus puntos negativos. Los siguientes son los que se me vienen a la mente en este momento que escribo.
Positivos
- Soy mucho más compasivo y comprensivo que la persona promedio.
- Tengo una gran responsabilidad afectiva.
- Tengo muy poco orgullo (para perdonar, es algo bueno, pues me mantiene humilde, pero es una desventaja si se trata de fortalecer el amor propio).
- Soy insistente. Peleo por lo que amo y por quienes amo si siento que puedo cambiar el destino (eso sí, si no sale bien, me frustro el doble).
- Soy capaz de bajar la luna por amor.
- una ansiedad pronunciada en los momentos difíciles,
- depresión indefinida,
- dependencia emocional,
- excesiva planificación,
- excesiva frustración si las cosas no salen como lo espero,
- una expectativa demasiado alta,
- ser propenso a la manipulación emocional,
- vulnerabilidad,
- profundo sentimiento de culpa si parece que hago las cosas mal,
- remordimiento,
- sobrepensamiento y pensamientos intrusivos.


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