Durante un pequeño descanso de mi jornada laboral del día de hoy, me puse a ver TikTok un momento y me topé con un video particular. En él aparecía una persona de la que hablé anteriormente en mi blog y a la que le dediqué mucho de mí, tanto emocional como material. Alguien por quien sufrí mucho, pero a su vez fue una verdadera prueba de amor propio para mí, para saber lo que no debo permitir nuevamente.
Cuando vi este video (por accidente, pues no he vuelto a tener contacto con esta persona) que se había publicado en una página empresarial, me llegaron recuerdos. Digamos que preferiría no haberme topado con ese video.
Quizá sentí un poco de remordimiento, no lo negaré, pero al menos ya no sufro más. Siento que la herida está sanada. Hoy en día ya no pienso en esta persona ni una sola vez al día; más bien, son otros los temas que ahora mismo me preocupan.
Pero, tras recordar lo que pasó con esta persona hace tanto tiempo, reflexioné. Tanto fue lo que le di y dediqué a esta persona, tanto material como emocional, y simplemente se desvaneció como la ceniza. De la nada un día desapareció y no volví a saber más. Se olvidó de mí como si ya no hubiéramos sido más amigos, como si nada hubiera importado. Se ve que le di tanto de mí a alguien que no valía la pena o que al menos no lo valoraba. Y se marchó. Pero creo que fue lo mejor. Le deseo lo mejor y también me deseo lo mejor a mí. Eso parte del pasado y el presente es diferente ahora. Agradezco estar en la actualidad con alguien que sí me valora verdaderamente y me lo demuestra cada vez que puede.
Para preservar mi tranquilidad, no quise saber más del tema y decidí dejar de seguir la página donde apareció ese video, pues ahora sé que está vinculada con él. Preferiría no enterarme y mantenerme alejado, pues siento que es lo correcto y lo más sano para mi integridad.
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