Buenos Aires, 29 de enero de 2025
Mi enormemente querido señor F:
Te escribo desde las lejanas y húmedas tierras de la región pampeana, para mi pesar ubicadas muy remotamente de donde tú ahora mismo te encuentras. Buenos Aires sigue siendo tan mágica y majestuosa como de costumbre, pero no tengo la necesidad de ahondar en ello, pues tú bien ya lo sabes, ya que compartes el gusto por la travesía tanto como lo hago yo. Ahora me encuentro aquí, a la ribera de un lago, perdiéndome en mis pensamientos, en un lugar donde solo se oyen los susurros del agua, que invitan a la mente de un hombre a reflexionar.
Verás tú, mi estimado señor F, que me encanta estar cerca de un cuerpo de agua, pues simplemente siento que me revitaliza en la serenidad de esos instantes. Sentía la necesidad de aproximarme a un lugar plácido como este, ya que me es tan reminiscente de las blancas costas, los balnearios ostentosos con festines de postín y la marea de la mar que nivela el abanico de olas transportadoras de la brisa salina en un día fresco de verano, que se expresa mediante la agradable caricia de la espuma del agua salada al entrar en contacto con la piel; ¡me invaden tantos recuerdos paradisíacos de antaño! Pero más allá del placer inenarrable que me genera estar en una ensenada, es con mucha certeza que los sitios litorales someten considerablemente al pensamiento también, y eso es lo que le ocurre a quien te escribe en el momento que redacta esta misiva, mientras se arrima al borde de la orilla. Me encuentro apreciando el espejo azul y en él solo veo tu reflejo, mi considerado señor F. El correr del gélido viento se intensifica con la presencia de la vegetación y del agua. Recorre todo mi cuerpo y eso solo me hace extrañar más tu calidez.
Señor F, muchas personas dicen que un clavo no saca otro clavo, y puede que esto tenga una pizca de verdad, pero sí tengo la confirmación de otra cosa: que el amor sí es capaz de sanar heridas, y tú bien me lo demostraste. Y también sabes de lo que hablo, pues has atravesado la ardua senda del dolor como lo he hecho yo, en tus experiencias del lejano pasado que cicatrices han dejado, antes de mi llegada. Y agradezco que tanto tú como yo hemos sanado nuestros respectivos suplicios antes de conocernos, pues de lo contrario dudo que nos hubiéramos encontrado en la adecuada condición emocional para vincular de la forma en la que lo hicimos. El destino estableció el lazo entre nosotros en el momento indicado, y ahora este se ha fortalecido de forma colosal en lo que va de tiempo. Creo que somos bastante similares en muchos aspectos, tú y yo, mi señor.
En tan poco tiempo has sabido enseñarme qué es lo que hay que valorar de una persona, porque tus gestos y tu interés han hablado más que tus palabras, con respeto a tus palabras, puesto que realmente tampoco se quedan cortas, capaces de emocionarme en más de una ocasión. ¿Eres tú poseedor del arte de amar, tal vez? Un talentoso artista que posee la brocha indicada para pintar el centro del corazón de una persona con los colores adecuados, los colores de un renacimiento de sentimientos positivos que originalmente, en apariencia inalcanzables, ahondan en lo más profundo de nuestro ser. Y esa ha sido tu labor, exitosamente completada. Has logrado desbloquear muchas cosas en mí, y gracias a ti también, he logrado consumar cosas que anteriormente no lograba, presa del miedo. Es algo de lo que estaré eternamente agradecido contigo. El cariño que te tengo es solo una pequeña muestra de mi gratitud para transmitirte todo mi apoyo y lealtad, mi querido señor F. Pienso mucho más en todo esto cuando no estás presente o cuando te encuentras lejos de mí, y eso está bien, pues me provoca añorarlo cuando estás ausente y atesorarlo todavía más cuando estás presente otra vez.
Tal es esta intensidad mutua que arde en nosotros que cada plan que he venido teniendo te incluye y te seguirá incluyendo hasta que decidas marcharte por tu propia voluntad. Sé que tú me has dicho lo mismo, y por eso tengo presente que no pienso dejarte ir si nuestros futuros deparan que nuestros proyectos se entrelacen para ir a la par. Si es así como puedo tenerte toda una vida junto a mí, que así sea, puesto que ambos vamos en la misma dirección, y bienaventurado esto sea.
Doy gracias por tu sincera compasión en mis momentos difíciles, ya que algunos, como ya es de tu conocimiento, no han sido pequeños y sí han sido muy duros para mí. Has actuado como un diamante que emite un intenso fulgor, fulgor que resplandece en la pusilánime oscuridad de la sociedad en la que vivimos, que es envidiado por la noche y que no palidece frente a su manto envolvente de sombras y que, a pesar de haberse atenuado por el estrago que le causaron previamente, no se ha extinguido, si no que de sus vestigios ha radiado más de lo que creía capaz. Desde tu aparición, has tenido predisposición para formar parte en cada evento de mi vida, sea bueno o malo, en lo que ha transcurrido, y espero que tú también me permitas hacer lo mismo en la tuya. Tu seguridad, tolerancia y reafirmación en los momentos de incertidumbre son invaluables, y solo confirman que no hay obstáculo que nos supere, pues es a tu lado donde quiero estar.
¡Si tan solo mi pobre léxico me permitiese explayarme más para hablar de tus tantos atributos, y que Dios todopoderoso, misericordioso y omnipotente se apiade de mi alma por ello, pues habrá de pensar que soy un crápula impuro! Pero quizá sea mejor reservarlo para otra ocasión, o más bien abordarlo a través de otro tipo de intimidad, después de que haya podido explorarlos con más precisión.
Ya no puedo esperar para regresar y poder hundirme en tus brazos una vez más.
Por siempre tuyo,
Tom


Ta bueno 🥰
ResponderBorrar¡Gracias!
Borrar