7 de enero de 2025
Empuño mi pluma, oh, gran Padre, para apelar nuevamente a la magnificencia de tu figura, a la grandiosidad de tu fuerza y a la incondicionalidad de tu amor. A mi izquierda se encuentra el gran libro que profesa toda tu palabra, palabra que los leales discípulos conocen bien y a la que los insurrectos se doblegarán.
El césped de las planicies se marchita, el viento abrasador despierta, las fieras de la naturaleza espían desde el terraplén, los magos ostentan una tertulia en sus moradas y los corderos se han puesto más rebeldes que de costumbre, peleando unos con otros. La braveza del mundo ha incrementado y esto ha generado muchos cambios en él. Oh, pero gran Señor, toda esta situación ya se encuentra en tu conocimiento, pues tu sabiduría tiene límites inconmensurables.
Y verás, Amo de las Altas Tierras, que tus siervos más rebeldes aún no han aceptado la grandeza de tu poder, y esa es la labor en la que aún me empeño en completar, y sé que así lo haré, mi gran Maestro, pues tú me dotarás de toda la fortaleza necesaria para hacerlo, aunque sea de mí lo último que haga, ya sea por la mano de la caricia o por la mano de mi espada bañada en su sangre.
Pero verás tú, inquebrantable Fuerza Poderosa, que tu rebaño más hostil es el que más líos ha causado y ha intentado convencerme de que yo, con la habilidad y la sabiduría que tú mismo me otorgaste, tomé el camino equivocado y me bañé en una profunda corrupción. ¡Oh, pero gran Patrón, si ha de ser así que mi alma se encuentra impura, como las serpientes indican, entonces libérame de esta condena que hace pesar mi alma! ¡Purifícame con tu gran manto de divinidad, con el aura de tu poder y con la luz de tu imagen! Devuélveme la fuerza perdida para empuñar una vez más tu enorme martillo y tu filosa guadaña para aplastar a los que se oponen a tu nombre, purgando así la tierra de esta maldad sin nombre.
Te agradezco enormemente una vez más, mi gran Padre misericordioso, y espero estar en comunicación contigo una vez más.
¡Que reciban la bendición del cuerpo sagrado, hijos míos!
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