Creo que he estado tan acostumbrado a que me hagan daño que, cuando alguien me da el mínimo de su cariño, ya me apego, no quiero que se vaya y no quiero que se termine. Eso tal vez me vuelve dependiente.
Realmente no sé qué me pasa. Y no sé cómo no engancharme porque tampoco sé qué es lo que hace que me enganche. Es como si fuese una droga que necesitara.
Y cuando parece que finalmente logro superar a alguien por quien sufría y ya no pienso en esa persona, parece que vuelvo a cometer el mismo error sintiendo cosas por alguien más.
Quiero apagar mi corazón y no sé cómo hacerlo. Tampoco sé si es posible.
Es un síndrome de koala.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario