Otro año más para mí...
Pero, se siente tan distinto...
Hace un año todo era tan diferente. Hoy me encuentro solo de nuevo. Mas no hay nada que pueda hacer para cambiarlo. Son cosas que escapan de mi control.
Las heridas han quedado. Yo no me las causé; sí las sufrí con toda la pasión del mundo. Quizá aún no sanan, y ahí están, dolorosas al tacto, pero por momentos intactas. Es algo que tengo que «negociar» con mi mente y mi cuerpo.
Ya no siento la necesidad de celebrar mi cumpleaños en grande. Y tiene trasfondos sociales y emocionales relacionados con esas heridas que apaciguan las ganas y que me hacen buscar relajarme en la tranquilidad y quietud de mi intimidad. Así es como me siento mejor.
Pero, en fin, aquí estoy...
Envejezco un año más y sigo aquí, esperando a ver qué me depara el destino y también a ver si seguiré siendo lo suficientemente «yo» para seguir adelante. Espero que Dios siempre me preserve, aunque el trayecto sea tan arduo a veces, o que el universo todo parezca quitármelo cuando me siento en el pico de la felicidad. Aún trato de resolver el misterio de lo azarosa, impredecible y arbitraria que puede ser la vida, aunque mucho planifique para hacer las cosas bien.
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