En estos frescos días de verano
El sabio viejo sauce yace
En la esquina de un humilde campo verde
Aunque párvulo y modesto,
Exhibe extrema vitalidad,
Suspirando el inicio de otro despertar
El versado resguarda a las aves
Que en él se albergan, dentro de sus numerosos nichos
Se esconden y pían sin cesar,
Se regocijan con la luz del crepúsculo
El césped parece recién regado,
Mas solo está cubierto
Del rocío que ha dejado la penumbra de la noche
Ya extinta por la aurora, que palpita la calidez diurna
Al unísono, traigo un reposo para ponerme a filosofar
En calidad de escriba de mi corazón,
Con un cartapacio humano,
Un lienzo del alma y una pluma con tinta espiritual
Me pongo a redactar
Lo que no te puedo decir, o lo que no quieres escuchar
Me estremezco al recordar
Todo lo que fue, lo que el tiempo diluyó
Se va la juventud caliente del pasado,
Fluye la vejez fría del presente
Y se asoma, a la distancia y con paciencia,
La tempestad incierta del futuro
Trato de acudir a la antípoda de mis sentimientos
Por un consuelo que no germinará
A fuer de sincero, te diré que no puedo
Dejarte en la remota prisión de la amnesia
Por cuanto el corazón me arde más que nunca
Con tu singularidad sin fin
Le susurro al corazón
«¿Qué tanto más puedes, pequeño mío?»
Una respuesta de su parte llega a duras penas
«So pena de dolor, si tu amado se intenta olvidar»
«Entrega plena a la orden,
un judas yo no soy» le replico
¡Ha dicho, que la desolación se me traiga si lo olvido!
¡Que indiferencia no puedo mostrar, melifluo corazón!
Solo me queda aferrarme a la esperanza
De que un respiro llegue para él
En el valle de la memoria
En el palacio del pensamiento
En el abismo de mi conciencia
Ahí es donde aún te contemplo
Donde el tiempo no pasa y los recuerdos no perecen
Mientras aún haya un lucero de pasión y ternura
Que los mantenga vivos
Aún extraño tu arrullo
Las niñas de tus ojos
Las hebras de tu cabeza
Y la carne de tu boca
Con todo, fue para mi pesar tu partida sin un beso
Que tu frente pudo tocar
Epitafio de una historia de amor
El pasado, aunque distante,
Sigue presente en esta aflicción
Ruge con ferocidad
El mar del recuerdo,
Surca con firmeza
El barco de la nostalgia
A la sazón que ambos estábamos jubilosos
Porque en el suplicio de mi ser
Es donde descansa tu ausencia
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