Translate

lunes, 29 de septiembre de 2025

Sé por qué canta el pájaro enjaulado

 No hay mayor agonía que llevar una historia no contada dentro de ti.


Maya Angelou, Sé por qué canta el pájaro enjaulado.


sábado, 27 de septiembre de 2025

El fantasma del pasado

 El fantasma del pasado aún me acecha. A pesar de haber pasado tiempo, el recuerdo de lo vivido me sigue persiguiendo, haciendo un último gesto nostálgico. 

viernes, 26 de septiembre de 2025

F

 Un veinteañero desolado salió al jardín de su hogar. Era un jardín bien cultivado con un césped verde brillante, pero con pocas plantas. Había mucho espacio sin obstrucciones. El chico se acercó al rincón donde terminaba el jardín, donde había más plantas en comparación con el resto del jardín, que le daban un aspecto más estético a esa área en particular.

El joven tenía sostenía dos objetos, uno en cada mano. Cuando llegó al rincón, ubicó el sitio adecuado para reposar el primer objeto: una placa sin detalles.

Tras dejar el primer objeto en el verde césped, enunció:

No tienes idea de lo mucho que pienso en ti. Aún no asimilo que ya no te vea más, que esa haya sido la última vez que te vería sin saberlo, que sería el último beso o el último abrazo que te daría sin saberlo. Sigo sin procesar qué es lo que pasó o qué es lo que salió mal, pero aún te extraño y te amo mucho. Y aunque todo el mundo estuviese en mi contra, no te dejaría de amar.

No sé si yo hice algo malo o si abordé algo de la forma incorrecta, pero de todas formas quería decirte que seguiré aquí. Si algún día crees que no hay escapatoria o que estás completamente solo, ojalá recuerdes bien este mensaje: no lo estás. Yo estaré acá. Te amo y ojalá algún día pueda aunque sea abrazarte una vez más.

Su voz se quebró un poco y una lágrima se deslizó por una de sus mejillas. Pensó: «No es fácil encontrar a alguien así. Alguien tan considerable, sensible y noble. Lo besé, abracé, vi, sentí y escuché su voz por última vez sin saber que sería la última vez... Qué dolor». 

Acto seguido, el chico colocó el segundo objeto justo al lado del primero: era una flor de loto. Estaba impecable y se la veía saludable. Parecía crecer con rigor y aparentaba estar llena de vida. Una flor tan hermosa que era reminiscente de aquel ser del que hablaba el enunciado: que a pesar de las adversidades, su espíritu se había mantenido noble, puro y resiliente, hasta donde pudo. 

El muchacho regó un poco la flor y observó un momento la placa. Un instante después, talló algo rápidamente en ella y se marchó definitivamente. En la placa obraba una letra: la F.




domingo, 21 de septiembre de 2025

Slipped Away

Hoy comienza la primera...

Una primera solitaria para mí. Sin flores amarillas.

Para ti, con profunda nostalgia...


Canción de Avril Lavigne. Traducción al español por mí mismo.


Mmm, mmm...

Nah-nah, nah-nah-nah, nah-nah


Te extraño

Te extraño tanto

No te olvido

Oh, es tan triste

Espero que puedas oírme

Lo recuerdo con claridad

El día en que te fuiste

Fue el día que supe que no sería lo mismo, oh-oh


Nah-nah, nah-nah-nah, nah-nah

No pude acercarme para besarte

Un adiós en la mano

Ojalá pudiera verte otra vez

Pero se qué no puedo


Oh-oh-oh, espero que puedas escucharme

Porque lo recuerdo con claridad

El día en que te fuiste

Fue el día que supe que no sería lo mismo, oh-oh


Yo ya abrí los ojos, ¿y tú cuándo lo harás?

Sigo preguntándome por qué (sigo preguntándome por qué)

Y no puedo aceptarlo, no era broma

De verdad pasó, te fuiste

Ahora ya no estás, ahora ya no estás

Allá vas, allá vas

A un lugar del cuál no puedo traerte de vuelta

Ahora ya no estás, ahora ya no estás

Allá vas, allá vas

A algún lugar del que no vas a volver


El día en que te fuiste

Fue el día que supe que no sería lo mismo, no

El día en que te fuiste

Fue el día que supe que no sería lo mismo, oh-oh


Nah-nah, nah-nah-nah, nah-nah

Te extraño...




sábado, 20 de septiembre de 2025

Déjate amar

 


Los gatos siameses

En una fría noche de otoño, resguardado del frío en su acogedora cama, yacía un gato siamés de pelaje claro y ojos azules tan profundos como la medianoche. No conocemos su nombre, pero sí sabemos que pasaba sus días observando desde la ventana del altillo, soñando con aventuras que nunca llegaban, con momentos que anhelaba, pero que nunca se concretaban, con un amor que siempre deseaba, como si fuera algo genético, que nunca aparecía. ¿Era tan vez como una media naranja que le faltaba, solo que no lo sabía? Era como un «dolor» al que se había acostumbrado de todas formas. Todos los días del gélido otoño se la pasaba echado mirando a la ventana, como esperando que algo cambiara en algún momento. 

Mas creía que no conseguiría ver más nada que no fueran las hojas frescas caer, pero una noche ocurrió algo inesperado.

Una noche, mientras contemplaba la tranquilidad de la penumbra cómodamente desde su cojín, logró vislumbrar la silueta de lo que parecía otro gato, que lo observaba desde lejos. Era un gato de un pelaje completamente negro y el gato siamés apenas podía ver dónde estaba gracias a sus ojos, que destellaban y reflejaban la luz de la luna en el contacto visual que mantenían. Había tanta dedicación en sus miradas, que parecía como si desearan, de alguna forma, estar más cerca el uno del otro. 

El gato negro empezó a presentarse cada noche, siempre desde la distancia en la plena oscuridad, y el siamés empezó a desarrollar una especie de ansiedad por querer verlo, sin entender bien por qué, pero sentía que era algo que quería hacer, como si lo necesitara. De alguna forma quería estar cerca de ese otro gato. Le generaba tanta curiosidad, sobre todo al ver el gran contraste que parecía haber entre ellos. 

Y una noche, el siamés se animó a dar el siguiente paso. Salió de la casa que habitaba y se dirigió hasta la silueta del gato negro que lo observaba todas las noches, aquel que mantenía su mente entretenida y pensante. En cuanto se acercó, captó un aroma de clavel proveniente del otro felino. Allí los dos gatos se encontraron y el siamés decidió hablar primero.

—¿Quién eres? —maulló el siamés, con timidez.

—Alguien que lleva mucho tiempo buscándote. Me llamo Libra —respondió el gato negro, acomodándose junto a él.

Desde entonces, cada noche se encontraban. Llegó la primavera y ambos felinos caminaban juntos por los tejados iluminados por la luna con las colas entrelazadas, compartían silencios, maullidos y algún ratón cazado a dúo. El siamés aprendió a amar la aventura; Libra, a disfrutar de la calma. Con el tiempo, los vecinos comenzaron a hablar de aquellos dos gatos machos inseparables que siempre aparecían juntos, como si fueran un solo reflejo dividido en dos cuerpos. Claramente la gente notaba que había algo más que una simple amistad entre esos dos que florecía cada vez más como el retoño más hermoso de todos. Los gatos hacían todo juntos, como si ambos gatos fuesen siameses. Libra no era un siamés y venía de un contexto totalmente distinto del que sí era siamés, y eso a menudo lo frustraba porque se sentía diferente. Pese a eso, el que sí era siamés lo trataba como uno más y no lo quería lejos de su vida, mucho menos que fuera diferente. Lo quería así, porque sentía que su amor era el motor de su felicidad, tal y como era. ¿Había una pareja de gatos más feliz que esa?


Pero el siamés notaba que Libra cada vez se sentía peor de ánimo porque no encontraba su propio valor. Tenía defectos con los que cargaba, pero para el siamés siempre sería el más bello de todos los felinos, y eso servía para calmar momentáneamente a Libra, o al menos eso parecía. 

Y así, durante toda la primera, entre estrellas y tejados, ambos gatos se amaron con la intensidad de los que saben que han encontrado en otro par de ojos su verdadero hogar, mientras estuvieran juntos. 

Llegó el verano. Las noches siguieron pasando, y los tejados fueron testigos de la felicidad de ambos felinos. Eran verdaderamente inseparables: si uno saltaba, el otro saltaba; si uno cazaba, el otro lo acompañaba; si uno se dormía bajo la luna, el otro velaba su sueño. Si cuidado e intimidad hablaban por sí solos, aunque parecía que Libra escondía algo más profundo de lo que parecía a simple vista. 

En una noche en particular tuvieron una hermosa cita, llena de risas y felicidades. Se sentían tan vivos, pero poco sabían que sería la última vez que saldrían. El siamés no lo sabía, pero quizá Libra sí. 

Un día, la rutina finalmente cambió. Un día, Libra se encontró con el siamés y anunció su despedida:

—Debo irme, y jamás volver. No me encuentro conmigo mismo, y me odio tanto que no puedo darte lo que buscas. Ya no.

El siamés lo miraba con sus ojos inmensos, incapaz de comprender.

—Pero hemos vivido tanto juntos. Es estar juntos lo que nos ayuda a afrontar los problemas. Jamás me había sentido tan feliz contigo —contestó el siamés. 

Libra se veía decepcionado de sí mismo y el siamés denotaba mucha pena en su rostro.

—Hay una frase que me ha perseguido desde que nací: «Ama quién eres para así poder amar a otro», y no lo he logrado —dijo Libra.

—Pero eres noble y bondadoso. Y fuiste capaz de amarme a mí aunque no te amaras. Y yo te amo, aún te amo y no te abandonaría jamás.

—Y por eso he terminado así —dijo Libra y echó un quejido—. Como sea, no tengo nada más que decir, solamente gracias y perdón por todo. No sabía que esto acabaría así. Puedes odiarme si quieres.

—Pero solo enfrentemos el problema unidos. Amor... —intentó protestar el siamés.

—No, por favor, no sigas —interrumpió el gato negro—. Somos diferentes. Y ya no tengo más que decir. No queda mucho para mí, pero espero que tú vivas mucho —dijo y huyó a la profundidad de la noche, sin darle la oportunidad al otro gato para responder.

El siamés solo se quedo mirando cómo desaparecía en la oscuridad, con las orejas y la cola bajas. No tuvo siquiera la oportunidad de rozarle con su nariz el hocico una última vez, o de enredar sus colas una vez más para querer atarlo para siempre a su lado. No hubo promesas de que Libra volvería; solo un silencio cargado de dolor por amor por parte del siamés. Su otro siamés, su otra mitad, se había ido. 

Cada noche de verano, el siamés volvía a asomarse por la ventana desde su cojín para ver si divisaba la silueta de su amado felino, pero no la encontró. Nada más que la soledad de la noche y los escalofríos de la nostalgia que recorrían sus bigotes. El pobre siamés estaba profundamente herido y deprimido. 

Quería revivir lo lindo que habían vivido. Volvió a recorrer los lados que habían transitado juntos, a recordar los momentos que habían compartido, a rehacer las actividades que habían hecho en conjunto. Siempre habían hecho todo de a dos, y eso era lo que lo hacía sentir vivo, pero ahora el siamés estaba solo. Aunque intentara volver a hacerlo todo solo, sintió que ya no pudo más, pues no era lo mismo. Se quedó inmóvil, con el pecho ardiendo de ausencia, simplemente mirando a la luna y suspirando de angustia.

Desde entonces, cada noche vuelve al mismo rincón del tejado donde solían posarse juntos, mirando a la luna que se reflejaba en los ojos de su amado y recordando al sol de primavera que les dio a calor a sus corazones. Los ojos azules del siamés, antes llenos de chispa, se volvieron espejos de nostalgia.

Y aunque nadie más lo sabe, en el viento nocturno aún se escucha un maullido tenue, como un eco que repite:

—Te sigo esperando.



miércoles, 10 de septiembre de 2025

Nota del enamorado herido

Es evidente que has decidido romper nuestro vínculo de amor definitivamente, que ya no crees en él y que en efecto, que ya no me amas como yo te amo, y no me queda otra que aceptarlo aunque duela. Me quedé solo. Y esto realmente me duele mucho, porque yo verdaderamente lo intenté, no solo por mí, sino por los dos. Ojalá me hubieses tenido la misma consideración ahora que yo te tuve a vos.

Esto que vos me hiciste, yo jamás te lo habría hecho. Y ahora es tan doloroso para mí tener que forzarme a borrar u olvidar los lindos momentos que vivimos juntos porque cada vez que los recuerdo, siento el dolor de la nostalgia y del amor.

No voy a mentirte: sí me dolería saber que estuvieras con alguien más, porque lamentablemente soy muy sensible, y porque lo vería como una forma de que fallé porque no logré encontrar un forma de mantenerte conmigo aun con todo el amor del mundo que tuve para ofrecerte, forma que alguien más sí logró encontrar. Pero si llegás a estar con alguien más después y no soy yo, espero que encuentres a alguien que te entienda y te ame tanto como yo lo hice, a quien puedas contarle absolutamente todos tus secretos, y que a pesar de tus defectos elija estar con vos, a alguien que siempre te conteste y que siempre esté ahí con vos, a alguien que te invite a lo que sea y que se acuerde de vos en todo momento para todo, a alguien a quien puedas llevar a tu casa para que conozca a tu familia, a alguien con quien puedas tener una conexión íntima como la que tuviste conmigo, a alguien que no te descarte cuando se le antoje, a alguien que te aliente a enfrentar tus emociones como yo lo hice, alguien con quien puedas llorar, a alguien que no te deje solo repentinamente... 

Y hoy lloro porque realmente eras todo para mí y le quisiste poner fin por tener miedo en vez de confiar en mí, en los dos, en lo que teníamos. Estás recreando el mismo daño que anteriormente recibiste por otros.

Te ofrecí el mundo entero, pero vos quisiste seguir quedándote en la oscuridad por tu propia cuenta. 


¿Y te digo una cosa más? Yo de verdad pensé que estarías conmigo toda la vida - ya hasta tenía toda la película en mi cabeza de los momentos icónicos que viviríamos juntos; nunca te vi como algo pasajero, como algo que tenía que terminar. Se ve que vos no me viste de la misma forma... pues te rendiste; yo jamás lo hice. En vez de enfrentar los problemas unidos, me dejaste solo, a mí, una de las personas que probablemente más te ama.


Lo más curioso e irónico de todo, es que a pesar del dolor que me causás con esta mala decisión, aún te amo, no puedo evitar enamorarme de vos y sería capaz de perdonarte todo... porque a pesar de todo sos, de alguna forma, único y diferente. Dejaste una huella en mí. De verdad y de corazón, ojalá te arrepientas de dejar ir al chico que te está tratando de amar ahora mismo, y que después me vuelvas a buscar. Ojalá para vos el amor fuese tan fuerte como lo es para mí; eso es lo que nos da fortaleza y energía.

Quizá a vos no te cueste decir adiós, pero a mí sí, y mucho, sobre todo si se trata de alguien a quien amás y en quien confiás una enormidad. No es para nada fácil.


Pero está bien, más allá de todo esto, para mí esto no es un adiós. Yo aún te amo y el amor para mí no muere. Si alguna vez querés volver a estar conmigo o saber de mí, ya sabés dónde estoy y dónde encontrarme...

Te amo, y te extrañaré eternamente hasta que vuelvas porque es imposible olvidarte.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Cuando alguien me amaba

 Cuando ella me amaba (de Toy Story 2)

Adaptada a la versión masculina


Cuando alguien me amaba

me sentía tan feliz,
los momentos que pasamos
los recuerdo bien.

Siempre en su pesar
yo sus lágrimas sequé,
su alegría compartí también,
cuando me amó.

De estación en estación
entre los dos había unión
y nada más nosotros,
como debía ser.

Y si solo estaba,
lo solía acompañar,
así fue cuando me amó.

El tiempo pasó,
yo soy igual,
mas poco a poco me olvidó,
solo me quedé.

Pero espero aún oír
su voz diciendo:
“yo te amo”.

Olvidado estaba
cuando él me encontró,
me sostuvo como antes,
de nuevo me sonrió pues,
me amaba, sí, me amaba.

Cuando alguien me amaba
me sentía tan feliz,
los momentos que pasamos
los recuerdo bien.

Cuando me amó.

viernes, 5 de septiembre de 2025

Es tan difícil decir adiós...

 Simplemente eso. Es tan difícil decir adiós. Es uno de los dolores más profundos que hay, sobre todo cuando esa cosa o ese alguien que se despega es lo que o quien anteriormente te había hecho tan feliz...


Today, right here, right now, I'll love again. I've already found someone...

You are my starlight. 

I'm just a cat

 Canción dedicada a mi hermoso compañero felino, la luz de mi vida. Aquel que jamás se olvida de ser noble. Aquel que jamás me defrauda y si...