Señor F...
El olor de tu cuerpo me es inolvidable. Siempre que vuelvo a percibir ese aroma, automáticamente lo asocio contigo. Impregnado en tu ropa y en las sábanas, me es imposible olvidarlo.
Y hace unos días, en el último del año, finalmente también lo tuve impregnado en la piel. El contacto de tu piel con la mía dejó ese aroma todavía más marcado en mis fosas nasales, como si se tratara de las feromonas de un animal, como si se tratase del olor único e inigualable que solo un bebé recién nacido conoce y utiliza para identificar a su madre.
Ay, señor F, es increíble cómo esto me hace suspirar, y cada vez son más las cosas que me recuerdan más a ti. 🩷
Tom
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