domingo, 29 de septiembre de 2024

La ansiedad social

 Qué curioso. Recuerdo que en la etapa de mi adolescencia solía ser un chico bastante distendido y suelto, capaz de participar en muchas actividades sociales. Ir a fiestas, dar discursos en público, ser extrovertido...

Con el tiempo, me volví un poco más cerrado, más íntimo. Empecé a guardar mis emociones para la intimidad, mi verdadero yo para las personas en las que verdaderamente confío. Si bien esto me ayudó a proteger un poco mi integridad, pues siento que antes tal vez me exponía mucho, esto sí me generó algo de lo que escribo el día de hoy: la ansiedad social (también conocida como fobia social o fobia de tipo social). Es un trastorno mental crónico que se caracteriza por sentir ansiedad a la hora de interactuar con otras personas, a la hora de socializar. Este sentimiento de ansiedad suele ser irracional, por lo que no suele haber un motivo que la explique.

Este es mi caso en algunas ocasiones cuando conozco o cuando quiero conocer a alguien. Una voz en mi cabeza me repite todo el tiempo: «Un movimiento o una palabra en falso y lo arruinarás». Y lamentablemente, considerando que soy una persona intensa, es tener miedo de cometer errores. Por eso trato de calmarme lo más que puedo.

Esto no me pasa siempre. Solo de vez en cuando, por suerte. Digamos que por lo general me siento confiado a la hora de conocer a alguien o interactuar con él.

Pero cuando sí tengo este sentimiento, viene de la mano con otros síntomas: pensamientos obsesivos, sobrepensamiento e incertidumbre. Curiosamente en otras ocasiones no siento nada de esto, así que es algo arbitrario. Depende exclusivamente de cada contexto (del tipo de interacción, de la persona con la que interactúo, de lo que sea que estemos haciendo o de a dónde queramos llegar, etc.). 

Si bien sentir ansiedad a la hora de conocer a una sola persona es algo que me pasa de vez en cuando, la verdad es que sí siento ansiedad social la gran mayoría de las veces cuando se trata de interactuar con varias personas al mismo tiempo, o verme inmerso en un momento o lugar poblado de personas. Es por este motivo que hay ciertos eventos a los que no asisto (por ejemplo, conciertos o fiestas). De la mano de la ansiedad social, siento claustrofobia cuando estoy rodeado de tantas personas y misofonía ante la música alta que me aturde. Ya de por sí siento incomodidad en los lugares donde hay alcohol, tabaco o drogas, pero estos factores que acabo de mencionar intensifican la incomodidad.

Uno pensaría que solo siento esto en los ambientes ajenos, pero la verdad es que no. También me pasa en los ambientes familiares. Mi batería social se descarga con mucha rapidez. No suelo tolerar mucho tiempo estando sentado en la mesa durante un almuerzo o una cena familiar. En estos eventos suelo permanecer callado (a menos que me hablen). Suelo escuchar en lugar de participar. Como a mi ritmo y, al cabo de un rato, siento que necesito aislarme, al menos un momento para tomar un poco de aire lejos del ambiente social y recargarme. Es como si mi cuerpo sintiera que se sofoca estando tanto tiempo ahí sin un momento a solas. Mi mente necesita descansar y procesar toda la información que he recibido durante la interacción. En mi familia las reuniones suelen durar mucho tiempo, claramente más del que puedo tolerar. Por eso necesito retirarme de la reunión en algún momento. Extrañamente esto no me sucede cuando estoy en un grupo de amigos, al menos por lo general.

A veces tengo la mala suerte de que, aunque no participe activamente en estos eventos, de todas formas la atención termina enfocándose en mí. Pues claro, si están todos interactuando activamente y hay uno que no, es obvio que el que no lo hace de alguna forma destaca de entre el resto, y eso llama la atención. ¿Estás bien?, ¿Estás disfrutando la comida? y ¿Querés más? son algunas de esas preguntas que se hacen para romper el hielo y tratar de incorporar al callado a la conversación.

¿Está de más decir que también odio ser el foco de atención? En cualquier circunstancia lo detesto. No me gusta que todo el mundo esté mirándome. Empecé a darme cuenta de esta parte de mi ansiedad social en la escuela, aunque era en pequeños fragmentos. Por ejemplo, cuando sabía que no quería llegar tarde a la escuela. Llegar tarde a la escuela significa que todos los que llegaron temprano se te quedan mirando cuando sos el único que atraviesa la puerta para disculparse por la tardanza. Odiaba ese momento, y me sentía muy mal. Por suerte no me pasó mucho esto, pero realmente lo sufrí cuando sí me pasó. A este miedo se lo conoce como escopofobia (el miedo a ser observado), una de las formas en las que también puede manifestarse la ansiedad social.

Hay ciertas actividades sociales que no me generan ansiedad, como por ejemplo ir a comer a un restaurante, ir al cine, ir a la sala de juegos, ir a un parque de diversiones, ir al gimnasio o reunirse con un pequeño grupo de amigos. Esto se debe a que en estos contextos no experimento un sentimiento de aglomeración ni de atención. En un restaurante, cada pequeño grupo de personas está aislado en su mesa. En el cine, la atención está en la película, no en mí. Lo mismo pasa en la sala de juegos y en los parques de diversiones: la gente va a divertirse jugando en las atracciones, no a socializar. Los grupos que participan no son tan grandes.

Y hay situaciones en las que hago excepciones. Por ejemplo, cuando me invitan a una fiesta. A pesar de no gustarme las fiestas, sí asisto porque una invitación es preciada para mí. Pienso que la persona que me invita me tenido en su consideración y quiere que yo esté ahí para compartir el momento con ella o con él, así que acepto con todo gusto, pues es un gesto muy bonito. Es un esfuerzo que pongo de mi parte. Y en fiestas de ciertos tipos, como las fiestas de disfraces, todos están ocultos tras un disfraz, lo que es como una especie de manto protector que puedo usar para sentirme un poco más suelto sin ningún tipo de temor esa noche. Siento que la gente ve al personaje del que estoy disfrazado, no a mí. Y yo no los veo a ellos, sino que veo a sus personajes. Se siente más liberador.

Es bastante curioso (pero a la vez no raro) que ciertas cosas me den ansiedad mientras que otras no, y que dichas cosas que sí me dan ansiedad solo lo hagan en ciertos contextos mientras que en otros no. La mente no es algo definido. Es más bien bastante cambiante, flexible y adaptable. Creo que es algo bueno, porque si la mente fuese algo rígido e imposible de cambiar, nos sería imposible cambiar de opinión con respecto a un tema y también nos sería imposible vencer nuestros propios miedos en situaciones a los que nos exponemos y los enfrentamos. 

La ansiedad social es algo a lo que por suerte no me enfrento a diario, pero espero poder obtener las habilidades (gracias a la terapia) para lidiar mejor con ella cuando tenga que hacerlo.

Vaya que tengo bastantes problemitas...

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